jueves, 28 de agosto de 2014

129. PACAZO



Aunque la foto y el título de este post correspondan a un antiguo personaje de Anguciana del que pocos habrá ya en el pueblo que recuerden algo, la verdadera protagonista del mismo es una nieta suya llamada Pilar Rodríguez que me escribió poco antes de comenzar el verano para darme las gracias por el blog y enviarme algunas fotos de su familia junto con algunos comentarios muy jugosos. Suelen decir los escritores que los libros no son de los autores sino de quienes los leen, y con más razón pienso yo de este blog dedicado a recrear la idea de un pueblo, o en concreto, a nutrirnos de sus raíces: que es de los lectores y no de quien lo escribe.

Con tan solo dos mails y tres fotos, Pilar, que escribe francamente bien (lo que no es muy normal en estos tiempos), me hizo un sencillo pero extraordinario boceto de su familia que voy a tratar de trasladar aquí con cierto miedo a hacerlo peor y a equivocarme, porque como le dije a ella, poco o nada recuerdo yo de sus antepasados.

Me escribe Pilar de su abuelo Pacazo que muchas veces se contaba en su casa la anécdota de un encuentro con otro hombre del pueblo que venía montado en su carro y con el que tenía alguna cuenta pendiente. Pues bien, se ve que para dirimir sus diferencias le bajó del mismo, le puso la cabeza debajo de la rueda y le gritó al mulo "arreeee"..., mientras él sujetaba la rueda con la mano (!) dándole a la vez un susto de muerte y haciendo una exhibición de su gran fuerza física. Tras lo cual, dice Pilar que contaban sus familiares, se saldó la cuenta y quedaron tan amigos.


De las escuetas frases de Pilar, entiendo que Pacazo tuvo tres hijos: Tomasín, casado con la Pruden, del que me envía esta vieja estampa con su mulo, y a quien ya tuvimos ocasión de ver en el post 122 gracias a una foto que me envió José Antonio Pinedo; la Anuncia, de la que poco o nada puedo contar yo más que la conocíamos como la "Nuncia"; y la Gumer, madre de Pilar y de sus hermanos Angel y Santi. De Angel me envía una foto de hace unos cuarenta años en la que posa en la calle de la Iglesia con Manuel Gallego, marido de Pilar, y con sus hijos (que a estas alturas del relato ya pasarán de los cuarenta...).


Pero el retrato familiar no se queda en estas tres fotos y la media docena de viejos nombres sino que Pilar, ahondando en uno de los problemas más graves de la condición humana tan típico en nuestros pueblos -el de las desavenencias entre hermanos por culpa del reparto de la herencia-, me contó que su hermano Santi, cura y misionero en Africa, con ocasión del funeral de uno de sus tíos en el pueblo, denunció con tristeza en la homilía ese pasado familiar, cerrando para siempre una larga herida y recuperando de ese modo el cariño de sus mayores.

No tuve la fortuna de estar en ese funeral, pero gracias al magnífico y breve relato del mail de Pilar me gustaría haber rescatado para siempre esa lección de su hermano Santi, contada humildemente para todo el pueblo sobre los recuerdos de su propia familia.