jueves, 3 de julio de 2014

127. EL RÍO DE LAS CHOPERAS DE LA ZARZUELA



Hace unas semanas bajé con Jesús Mari (carpo) a ver la huerta que se ha comprado bajo los cables de alta tensión que han pasado recientemente por las choperas de la Zarzuela, aunque más que su huerta, todavía en construcción, me enseñó con entusiasmo el pequeño río que nace en ese talud y que en poco más de cien metros acaba desembocando en el Tirón. Cuál no sería su sorpresa cuando mi entusiasmo eclipsó al suyo porque en esas choperas de la Zarzuela mi padre tenía una tirita de chopos, y porque a ese pequeño río solíamos ir hace muchos, muuuchos años, a pescar cangrejos. Lo mejor de todo, sin embargo, es que de ese pequeño río guardo una foto que hizo el jarrero José Mari San Juan, gran amigo de mi padre, una foto que está escrita y firmada por detrás porque la utilizó a modo de postal para felicitarnos las Pascuas y el año nuevo de 1963, es decir, que sería de 1962, años en que "la dula" solía pastar por allí y tenía las choperas así de limpias. No me digáis que no es una maravilla de foto. Toda una postal de aquella Anguciana.

Bueno, pues el río sigue ahí, por supuesto no tan limpio como entonces, pero ya es una maravilla que ni el poder de las palas ni los movimientos de fincas que se han hecho en los últimos años por doquier, hayan podido con esa pequeña fuente que sin apenas darse cuenta se convierte en un bonito río lleno de vida:


He buscado en google earth su ubicación y lo he señalado con líneas azules discontinuas. Y ya que estaba metido en las pequeñas pero entrañables venas de agua, también he señalado en la foto-mapa el río Ea y la desembocadura en el Tirón del Cauce molinar.


Lo del río que sigue emergiendo a pesar de la tontuna de los tiempos y de la devastación de las máquinas,  de los poderes y el dinero, se me antoja que podía ser una metáfora de este blog que vuelve a brotar después de tantos meses de silencio. 

Y es que cuando el agua vuelve a fluir y nos fijamos más en las cosas eternas del pueblo y de la naturaleza, hasta la barbarie y la fealdad de los cables de alta tensión que han colocado por allí pueden verse con otros ojos: