domingo, 28 de diciembre de 2014

130. MI MADRE



Ya que me había puesto a escribir este blog sobre Anguciana como quien pinta un paraíso perdido, no podía por menos que dedicar un post a mi madre, y no sólo por todo lo que representa para mí en cuanto de hermosura tiene una madre para un hijo, sino porque en una medida u otra, su belleza ha sido hasta hoy mismo en que la hemos perdido, parte o patrimonio de todo el pueblo.

Nuestro primo "Escolar" solía lamentarse con socarronería y pesimismo de que los pueblos eran la viva representación de la selección de la especie en sentido negativo. Durante tres o cuatro generaciones -argumentaba-, los mejores de cada familia habían ido emigrando a las ciudades mientras que los más torpes o menos inquietos se quedaban apegados al terrón dando a luz nuevas camadas de hijos, de las que los más espabilados volverían a irse a la ciudad, y así sucesivamente, hasta dejar en los pueblos a los más brutos de los brutos. Curiosamente contaba esto en las tertulias de mi casa delante de mi madre (a la que siempre admiró por su belleza y generosidad), sin darse cuenta de que tenía ante sus ojos el argumento contrario, es decir, el de una chica guapa de Madrid que se enamoró de un chico de Anguciana hasta acabar dando con sus huesos en nuestro pueblo.

Mi madre llegó a Anguciana en la primera década después de la guerra, años grises de pobreza y ausencia de medios de comunicación, por lo que sus formas y modales no debieron de pasar desapercibidos para nadie. Entre las confesiones de este último año de su vida me contó un día el sincero y espontáneo elogio que recibió una vez de Pruden Mendoza, la madre de Jorge (el actual alcalde), sobre lo bien arreglada que siempre la veía. Mi madre solía decirnos que su truco estaba en el calzado: que una persona bien calzada siempre es una persona bien vestida, pero aunque eso sea verdad yo creo que su elegancia era mucho más amplia y compleja. Sólo había que ver la letra tan bonita que tenía. O lo mucho que sabía de música clásica. O sólo hay que verla en una de sus últimas fotos con noventa y seis años a sus espaldas -toda una reina de Anguciana, como suelo decir en este blog respecto de las personas que llegan a ser las más ancianas del pueblo.


No se ha acabado con ella la aportación de savia nueva a Anguciana. Casi se podría decir que hoy los pueblos están más llenos de gente de fuera que de gentes con varias generaciones autóctonas. Otra cosa es la calidad de esa savia o el arraigo y amor que lleguen a sentir por el lugar. Aunque no fuera del pueblo, mi madre tuvo siempre un gran cariño por Anguciana y por todas sus familias, y me consta que el cariño también ha sido recíproco pues aunque era muy casera y salía poco, había que ver lo mucho que le costaba venir desde la iglesia hasta casa saludando a unos y otros en esas salidas de misa que en muchas ocasiones constituían el epicentro de su vida social.

Mi madre tenía ese gran aprecio por la naturaleza que sólo la proximidad de los pueblos a la tierra y a los cielos nos proporciona. La cercanía del río, los paseos por las choperas, el estado de las fincas, la llegada de las cigüeñas (que ya estaban hoy en el día de su entierro), las excursiones a Gembres, o la serena contemplación de la luna. Todo eso y mucho más le daba Anguciana, y ella siempre lo agradecía inculcándonos a nosotros ese mismo amor por el pueblo. En Anguciana dio a luz a dos de sus hijos, Ricardo y Mercedes, con la anécdota que ya he contado en este blog de que durante el primero de estos partos el médico Paco Palacios iba de nuestra casa a la de "la" María" porque también estaba dando a luz a "la" Hilaria.

El cielo ha llorado esta mañana mientras la subíamos por la cuesta de la ermita y no ha parado de hacerlo hasta que la hemos depositado junto al amor de su vida, el amor que la trajo al pueblo. Un pequeño y bonito detalle de agradecimiento de la naturaleza para con mi madre que tampoco podía dejar de contar en este blog.

jueves, 28 de agosto de 2014

129. PACAZO



Aunque la foto y el título de este post correspondan a un antiguo personaje de Anguciana del que pocos habrá ya en el pueblo que recuerden algo, la verdadera protagonista del mismo es una nieta suya llamada Pilar Rodríguez que me escribió poco antes de comenzar el verano para darme las gracias por el blog y enviarme algunas fotos de su familia junto con algunos comentarios muy jugosos. Suelen decir los escritores que los libros no son de los autores sino de quienes los leen, y con más razón pienso yo de este blog dedicado a recrear la idea de un pueblo, o en concreto, a nutrirnos de sus raíces: que es de los lectores y no de quien lo escribe.

Con tan solo dos mails y tres fotos, Pilar, que escribe francamente bien (lo que no es muy normal en estos tiempos), me hizo un sencillo pero extraordinario boceto de su familia que voy a tratar de trasladar aquí con cierto miedo a hacerlo peor y a equivocarme, porque como le dije a ella, poco o nada recuerdo yo de sus antepasados.

Me escribe Pilar de su abuelo Pacazo que muchas veces se contaba en su casa la anécdota de un encuentro con otro hombre del pueblo que venía montado en su carro y con el que tenía alguna cuenta pendiente. Pues bien, se ve que para dirimir sus diferencias le bajó del mismo, le puso la cabeza debajo de la rueda y le gritó al mulo "arreeee"..., mientras él sujetaba la rueda con la mano (!) dándole a la vez un susto de muerte y haciendo una exhibición de su gran fuerza física. Tras lo cual, dice Pilar que contaban sus familiares, se saldó la cuenta y quedaron tan amigos.


De las escuetas frases de Pilar, entiendo que Pacazo tuvo tres hijos: Tomasín, casado con la Pruden, del que me envía esta vieja estampa con su mulo, y a quien ya tuvimos ocasión de ver en el post 122 gracias a una foto que me envió José Antonio Pinedo; la Anuncia, de la que poco o nada puedo contar yo más que la conocíamos como la "Nuncia"; y la Gumer, madre de Pilar y de sus hermanos Angel y Santi. De Angel me envía una foto de hace unos cuarenta años en la que posa en la calle de la Iglesia con Manuel Gallego, marido de Pilar, y con sus hijos (que a estas alturas del relato ya pasarán de los cuarenta...).


Pero el retrato familiar no se queda en estas tres fotos y la media docena de viejos nombres sino que Pilar, ahondando en uno de los problemas más graves de la condición humana tan típico en nuestros pueblos -el de las desavenencias entre hermanos por culpa del reparto de la herencia-, me contó que su hermano Santi, cura y misionero en Africa, con ocasión del funeral de uno de sus tíos en el pueblo, denunció con tristeza en la homilía ese pasado familiar, cerrando para siempre una larga herida y recuperando de ese modo el cariño de sus mayores.

No tuve la fortuna de estar en ese funeral, pero gracias al magnífico y breve relato del mail de Pilar me gustaría haber rescatado para siempre esa lección de su hermano Santi, contada humildemente para todo el pueblo sobre los recuerdos de su propia familia.




lunes, 7 de julio de 2014

128. LA DESTRUCCIÓN DEL MOLINO



Me llega por uasap la triste noticia de la desaparición del  molino de Anguciana con una foto de la primera fase de su hundimiento por abandono (domingo 6 de julio) y el comentario de que al hundimiento le siguió una rápida e inmediata demolición de lo que quedaba (lunes 7 de julio). Llamo al ayuntamiento el martes a ver qué saben de todo ello pero apenas me dicen nada. En la Consejería de Cultura, en cambio, me dicen que según la disposición transitoria segunda de la Ley 7/2004 del Patrimonio Histórico Artístico de la Rioja todos los ingenios mecánicos populares, como los molinos, están protegidos y cualquier intervención en ellos debe pasar por el Ayuntamiento y ser notificados a la Consejería.

Yo soy de los que creo más en la cultura del pueblo que en la administración municipal y autonómica y supongo que habrá mucha gente que se lamente como yo (y hasta sienta vergüenza) de esta triste pérdida. En el post 69 de este blog ya intenté dar a conocer sus grandes valores y sus posibilidades de restauración y utilización, pero se ve que fue en vano.

No me consuela nada ser el cronista de la desaparición de uno de los elementos claves en la historia y la vida tradicional de Anguciana. Sólo espero que google sea más fiel que nuestras instituciones y que el molino (y la vergüenza) queden al menos para todos nosotros en la memoria de este blog.


jueves, 3 de julio de 2014

127. EL RÍO DE LAS CHOPERAS DE LA ZARZUELA



Hace unas semanas bajé con Jesús Mari (carpo) a ver la huerta que se ha comprado bajo los cables de alta tensión que han pasado recientemente por las choperas de la Zarzuela, aunque más que su huerta, todavía en construcción, me enseñó con entusiasmo el pequeño río que nace en ese talud y que en poco más de cien metros acaba desembocando en el Tirón. Cuál no sería su sorpresa cuando mi entusiasmo eclipsó al suyo porque en esas choperas de la Zarzuela mi padre tenía una tirita de chopos, y porque a ese pequeño río solíamos ir hace muchos, muuuchos años, a pescar cangrejos. Lo mejor de todo, sin embargo, es que de ese pequeño río guardo una foto que hizo el jarrero José Mari San Juan, gran amigo de mi padre, una foto que está escrita y firmada por detrás porque la utilizó a modo de postal para felicitarnos las Pascuas y el año nuevo de 1963, es decir, que sería de 1962, años en que "la dula" solía pastar por allí y tenía las choperas así de limpias. No me digáis que no es una maravilla de foto. Toda una postal de aquella Anguciana.

Bueno, pues el río sigue ahí, por supuesto no tan limpio como entonces, pero ya es una maravilla que ni el poder de las palas ni los movimientos de fincas que se han hecho en los últimos años por doquier, hayan podido con esa pequeña fuente que sin apenas darse cuenta se convierte en un bonito río lleno de vida:


He buscado en google earth su ubicación y lo he señalado con líneas azules discontinuas. Y ya que estaba metido en las pequeñas pero entrañables venas de agua, también he señalado en la foto-mapa el río Ea y la desembocadura en el Tirón del Cauce molinar.


Lo del río que sigue emergiendo a pesar de la tontuna de los tiempos y de la devastación de las máquinas,  de los poderes y el dinero, se me antoja que podía ser una metáfora de este blog que vuelve a brotar después de tantos meses de silencio. 

Y es que cuando el agua vuelve a fluir y nos fijamos más en las cosas eternas del pueblo y de la naturaleza, hasta la barbarie y la fealdad de los cables de alta tensión que han colocado por allí pueden verse con otros ojos: