lunes, 22 de abril de 2013

120. PERO SÍ SUEÑO



Aunque no escriba sobre Anguciana, aún sueño con mi pueblo. La noche pasada, por ejemplo, pasaba andando por el puente de Anguciana con unos amigos y me quedé sorprendido de que lo habían vuelto a estrechar, habían quitado las aceras y las barandillas volvían a ser de piedra como en aquella foto que puse en el post 19.


Además de ello, lo que pasaba en el sueño es que lo habían cubierto y que sobre las barandillas de piedra habían puesto unas lunas corridas de cristal. Como estaba dentro del puente me preguntaba cómo quedaría la cubierta por fuera, si sería a dos aguas o en media caña, pero el sueño se fue complicando con un tren que iba a pasar, y con que al salir para verlo por fuera una señorita me prohibía hacer fotos y todas esas cosas raras que te desvían del tema principal.

¿Sueño o pesadilla? Lo de las lunas de cristal, la verdad, parecen lo segundo, pero lo de un puente rehumanizado para peatones y vehículos juntos me pareció al despertar que tenía que ver con algunos puentes de madera que vi en Oregón hace dos veranos, como este sobre el río McKenzie cuya entrada he puesto arriba.


Como los sueños no son inocentes, me pregunté también al despertar si no tendría que ver con que el otro día me dijeron que ya está en marcha el proyecto de construcción de una rotonda en su salida a Oreca, cuya prioridad respecto al movimiento de vehículos y sus torpes diseños ingenieriles van otra vez a caer sobre nuestro pueblo arrastrándolo por la vía de una "modernización", "urbanización" y "homogeneidad en el diseño viario" que irremediablemente acabará para siempre con cualquiera de las peculiaridades del pueblo.

Ya lo ven. Quizás no quiera seguir escribiendo sobre Anguciana mientras sea concejal, pero el pueblo no deja de estar en mis sueños.