sábado, 7 de julio de 2012

118. LOS FRAILILLOS VOLVIERON A CANTAR



Cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta años después de haber pasado por el convento y seminario franciscano de Anguciana, volvieron "los frailillos" a juntarse en nuestro pueblo. Fue el pasado 17 de junio, y por nada del mundo me hubiera perdido la cita porque para mí significaba el poder estar cara a cara con muchos de aquellos niños de nuestra edad a los que tanto oíamos cantar en las misas del convento pero a los que nunca podíamos ver. Apenas nos separaban unos metros, ellos recluidos en el coro y nosotros en la nave de su iglesia, ahora vacía y desolada,



pero esa mínima distancia suponía un abismo en el destino de nuestras vidas. Los frailillos habían venido de todos los puntos de la geografía del norte de España para recibir una corta educación en Anguciana y desaparecer para siempre yendo al Perú, donde acabarían su formación y se dedicarían a sus casas de misiones. Todos los misterios de su lejano destino ocupaban un lugar preferente en nuestra imaginación, porque en aquel mundo tan pequeño todo ello significaba para nosotros una especie de conexión con el más allá. 

Pero lo curioso es que buena parte de ese destino estaba inscrito en las mismas piedras de Anguciana. Con ocasión del encuentro del pasado día 17 de junio, los organizadores del evento presentaron un libro sobre el Seminario de Anguciana "y su castillo" en el que se recogen algunos documentos sobre la impresión que les causó a los frailes que decidieron comprarlo. 


De entre todas las razones creo que la más significativa es la que cuenta uno de los primeros frailes que se instalaron en él:

¡Qué buena idea han tenido mis hermanos al venir a esta casa! Aparte del clima, que no es tan duro como el de Villarramiel, lo que más atrae, lo que más hace pensar es el castillo. Parece que servirá de protección a nuestras empresas misionales, que velará por nosotros si vuelven a presentarse tiempos difíciles para las vocaciones. A su sombra se siente uno acogido como si el Seráfico Padre nos lo hubiera puesto a la vista para convertirnos en caballeros andantes de nuevas hazañas misioneras, llenos de esperanzas y de sueños. Espero que cuando salgan de aquí los que han de seguir nuestros pasos por tierras americanas lleven siempre el recuerdo de que fueron evangélicamente caballeros. Que sean en toda ocasión recios y fuertes como sus sillares, que se alcen altivos como sus paredes contra las injusticias de los hombres, que acojan amorosos a su sombra el dolor y la tribulación del ser humano, que tengan y exhiban siempre patente de nobleza castellana. Loado sea mi Señor por esta morada austera, desnuda de vanidades, aceptadora del espíritu del Pobrecillo de Asís".


En el encuentro del día 17 de junio pude ver cómo los antiguos alumnos pasaban por entre los restos desconchados de su seminario para ir venerar aquellas viejas piedras del castillo y llegué a sentir en sus comentarios esa especie de emoción que provoca el entrar en contacto con lo arcano, con lo primario, con el origen. 

Como era de suponer, no todos los destinos se elevaron como las paredes del castillo, pues en las bifurcaciones de la vida unos y otros fueron eligiendo diferentes caminos, y obviamente, mi curiosidad y comprensión se dirigió hacia aquellos que tuvieron la difícil papeleta de colgar los hábitos una vez que habían consumido su juventud y estaban a miles de kilómetros de su patria. Hacia aquellos cuyo destino, al fin y al cabo, tuvo más que ver con el de los que estábamos debajo del coro. 



Sea como fuere o como haya sido el destino de cada cual, lo difícil era salvar la enorme distancia de tiempo que media entre cada vida y sus circunstancias, pero a fé que se logró con el recurso de la música. Sabido es que el sabor de una magdalena nos puede hacer recobrar el tiempo que media entre la infancia y la madurez, pero mientras que ese tipo de sensaciones son sólo personales y únicamente comunicables mediante la escritura, la música, sin embargo obra el milagro de la comunión colectiva por encima del tiempo.

Cada día, al acabar la misa, los frailillos cantaban un himno cuya música y letra llevamos todos en lo más profundo de nuestro ser:


Las huellas del caudillo enamorado, 
sigamos con fervor.
Vamos tras él
su voz ha resonado,
tremolemos la insignia del amor,
su sendero es de luz
fieles terciarios seguid
honor y bendición al padre amante
honor y bendición al serafín.
En redes amorosas te viste prisionero
Amor fue tu divisa, tu lema y tu ideal,
incendios respirando
trazaste el fiel sendero
que muestra a los amantes
el divino manantial

Y esa música y ese modo de cantarla fue lo que al fin nos unió, esta vez cara a cara, a los frailillos del coro y a la gente del pueblo.











martes, 26 de junio de 2012

117. GENEALOGÍAS



Entre las decenas de fotos que me mandó César hace unas semanas venían también sin mayor explicación dos recuerdos de defunción que son de lo más representativo de esa afición tan arraigada en los pueblos de hacer genealogías, es decir, de ponerse a hacer la relación de toda la parentela de cada cual. Las esquelas o los recordatorios de los fallecimientos suelen incluir tras los datos del paso a mayor vida de nuestro vecino todo un listado de parientes que de seguro harán las delicias de los aficionados. Curiosamente me mandó el de Doña Felicias, la madre de la Puri y de la Elena, de cuya parentela ya han salido varios miembros en este blog.

Y también el de Manuel Villarejo, del que también publiqué una foto subido a un remolque y de cuya hija María, recientemente fallecida, y de Guillermo, el nuevo "hombre más viejo del pueblo", también nos hemos hecho eco aquí.  Este es su recordatorio y su correspondiente lista de parientes, aunque en este caso los redactores cortaron pronto el listado y pasaron de nombrar a los nietos, primos y "demás familia".




jueves, 14 de junio de 2012

116. MAS FOTOS DE CÉSAR



Basta que diga aquí en el blog que me gustaría ver alguna foto de alguien de Anguciana para que a los pocos días César Fernández me envíe una montaña de fotos más o menos revueltas y desordenadas con muchas fotos repetidas del envío anterior. Como me hago un lío con tanta foto, a los pocos días me vuelve a escribir preguntándome si me han llegado, pero mi problema no es tanto la selección de imágenes como el poder contar algo de ellas. Llevo lejos del pueblo casi toda mi vida y como contaba al principio, yo empecé a escribir este blog para recordar el pueblo de mi niñez, es decir, lo que pudo ser más o menos hasta principios de los setenta. Contar cosas sobre lo que uno no ha conocido no tiene mucho sentido pero de todos modos, no quisiera dejar de poner las fotos que me enviáis porque noto en el hecho de enviármelas el mismo cariño entre vecinos que yo también siento.

Entre la última remesa de fotos que me ha mandado César había las de un simpático desayuno "piadoso" en el que se podía ver a Don Félix, el cura, rodeado de mujeres del pueblo. Y como al evocar los años de Félix en Anguciana me costó encontrar una foto, abro esta pequeña entrada con una imagen suya untando un bizcocho en el chocolate que a mí me parece muy bonita y entrañable.

Cambiando de ángulo se podía ver al fondo a "la Santos", de quien también dije que me gustaría un recuerdo cuando la evoqué no hace mucho llamando a... Haro, Haro Haro! No es la Santos con cuarenta años menos que yo recuerdo, pero por lo menos seguía teniendo las mismas gafas.


Otra de las tendencias inexcusables que vienen afectando a este blog es la de recordar a los que vecinos que se van para siempre. Y este invierno ha sido bastante duro en despedidas. Lola, "la de Emiliano", fue una de las que nos dejó y aparece en otra perspectiva del mismo desayuno:


Hay que ver lo que da un chocolate con bizcochos.

Por dar un poco de unidad a esta entrada sigo con despedidas y con más fotos que me manda César. No hace unas semanas que nos dejó Petra, la de Caín, mujer siempre risueña, como en esta foto de bastante mejor calidad.


También ha sido noticia el fallecimiento reciente de María, "la de Secun", a la que le dediqué un post titulado la "reina de Anguciana" por haber sido durante unos años la mujer más vieja del pueblo. No es cosa de buscar quién habrá heredado ahora tan honroso título, sino de recordar aquel post donde puse la única foto suya que tengo: la de la entrada número 95.

Pero el tema preferido de César son las fotos de los amigos de su infancia, de las que me envía a montones. En las últimas remesas puso un poco de unidad y me mandó todo un reportaje sobre el homenaje a una maestra que dedicó buena parte de su vida a los niños crecidos en Anguciana cuando yo ya me había ido. Begoña, creo que me dijo que se llamaba. Pondré las fotos en otro post, aunque de ese homenaje a la maestra no he podido evitar el tomar aparte una imagen por el dolor que aún me produce la trágica ausencia de Javi, el hijo de"la Ali", a quien siempre recuerdo igualmente sonriente.


Fijaros hasta qué punto vienen revueltas las fotos que me manda César, que entre comidas, excursiones, paellas y homenajes me encuentro con una imagen que también me da un pinchazo en el corazón por lo cerca que tengo en Logroño a la Pili, "la hija del alguacil", y lo mucho que me apena recordar la ausencia de su marido. Parece de una excursión al Monasterio de Piedra o así, pero no seré yo quien lo vaya contar porque no tengo ni idea. Baste con mi cariñoso recuerdo al ponerla aquí.



Lo dicho: en unos días pongo las fotos del homenaje a la maestra Begoña, pero si mientras tanto alguien se anima a escribir algo de aquel día o de los recuerdos de su enseñanza, yo estaría encantado no sólo de poner vuestras fotos sino de publicar vuestros textos, porque de lo que no sé, nada puedo contar. Y lo que tengo claro es que un blog del pueblo solamente de fotos no me interesa lo más mínimo.

domingo, 27 de mayo de 2012

115. VINCULADOS


Una de las grandes cosas que tienen los pueblos pequeños es que son ajenos al fenómeno de la fama. La esencia del pueblo es la buena vecindad, mientras que el éxito es asunto urbano. Y ya no digamos la "gloria", que suena a endiosamiento o pseudorreligión. Recuerdo una conferencia que dio la escritora Espido Freire en Logroño, en la que contaba que después de que le dieran el premio Planeta volvió a su pueblo (creo que era Llodio) y las amigas apenas le dedicaron un par de minutos para volver enseguida a hablar de sus cosas, de las cosas importantes: los novios, los amores, y los asuntos del pueblo.

Pero aunque no seamos deudores de la fama, no dejamos por ello de comentarla, especialmente cuando se trata de alguien del pueblo o de alguien vinculado a nuestro pueblo. Hace unas semanas fue mi hermano a un concierto lírico en el Riojaforum y al oír a la señora de al lado que la pianista tenía algo que ver con Anguciana, le dio un bote el corazón. Y tanto que tiene que ver con Anguciana, dijo mi hermano, si es la hija de la Flor Mari (!) la nieta de Ramón Triana y la Puri. Al encontrar esta foto suya en internet, le he encontrado un cierto parecido con su tía, la Pili, y yo también he visto mi pueblo en el recuerdo. Para quien no lo sepa, se llama Nuria Ollora Triana.



También me he sentido orgulloso estos días al ver en los periódicos y televisiones que al marido de la Ali, la hija de José Luis Loyo y Alicia, le habían elegido rector de la Universidad de La Rioja.


José Arnáez Vadillo, o mejor Josete, que así es como le conocemos los amigos, es de Haro y por su segundo apellido siempre me recuerda a la tienda de su tío, Colchonería Vadillo que estaba en Ventilla, casi llegando a la plaza de los Carros a mano derecha. Siendo niños solíamos ir a esa tienda a comprar los perdigones para la chimbera y eso se le queda a uno grabado para toda la vida. Tuve la suerte de hacer un trabajo con Josete nada más instalarme como arquitecto en Logroño. Fue un estudio territorial de comarcalización de La Rioja, asunto que vuelve a la actualidad de tanto en tanto cuando se habla de juntar municipios. Se ve que estos de la ciudad no dejan de querer hacernos como ellos, de intentar que seamos más urbanos y menos de pueblo. Pero lo tienen claro. 

Porque por muchos periodistas que les entrevisten o mucho ringorrango que se den, para nosotros todo el mundo es hijo de tal o de cual, el marido de este o de la otra. O sea, como todos.

lunes, 30 de abril de 2012

114. LA VIEJA FUENTE



Ya dediqué a la vieja fuente una entrada al comienzo de este blog, concretamente la número 9, pero tiempo después encontré esta otra copia de la primera foto que puse allí, pero con mucha mejor definición. La he subido a tamaño original para que os la podáis descargar y hasta poner de fondo de pantalla en el ordenador. Hay que girarla un poco hacia la derecha porque al que hizo la foto se le fue un poco el nivel hacia la izquierda, pero por aquello de la más estricta fidelidad he preferido subirla así.

Por la edad de mi tía Pilar que es la chica que aparece sentada más a la derecha, pienso si el niño que está sentado al otro lado de la fuente no sería mi padre. Es muy posible. Como aparenta entre dos y cuatro años, la foto estaría hecha hacia 1919.

martes, 27 de marzo de 2012

113. LA SANTOS



¡Haro, haro haro...! ¡Haro, haro, haro....! ¡Haro, haro, haro haro...! así una y mil veces cada vez que alguien quería llamar desde Anguciana a alguien de fuera. Se murió la Santos hace unas semanas y nada más me lo dijeron, empecé a escuchar en el recuerdo sus agónicas llamadas al nodo telefónico superior: ¡Haro, haro haro! ¡Haro, haro, haro! Qué cruz la de aquel oficio, y qué paciencia la de la Santos.

Si la memoria no me falla (y pido perdón cada vez que así sea) la centralita estuvo antes en la casa de la Celes, y a esa época debe de pertenecer esta foto de Jaime Marín en que se ve junto al balcón central de su casa el cartel circular de chapa azul que anunciaba el servicio de Teléfonos.


Como no he encontrado por internet una chapa similar he ampliado todo lo que he podido el fragmento de esta foto para ver el mapita de España en blanco que tenía aquel rótulo..


..., un anuncio que se trasladaría luego dos portales más allá, pasada la casa de Luis La Horra, cuando la Santos se hizo cargo de la centralita.


Fue en los años de la Santos, en la década de los sesenta, cuando yo más usé aquel servicio. Y fue en aquellos años cuando se empezaron a poner los primeros teléfonos en las casas del pueblo, que para conectarse con el exterior tenían igualmente que pasar por la centralita de la Santos. Según el número que le pedían enchufaba la clavija y ponía en contacto al que llamaba con el que recibía la llamada. Todo muy artesanal. 

La siguiente casa en que se ubicó la centralita de Telefonos fue la de Carmelo Gayangos, pero creo que yo no fui nunca allí porque ya teníamos teléfono en casa. 


Los bilbaínos de los setenta fueron los que más uso debieron de hacer de ella, de ahí que sea en esa casa donde la recuerde la familia de mi mujer. 

Lo curioso es que la centralita automática se acabara por ubicar justo al lado de la casa de la Santos como si los teléfonos aún tuvieran querencia por aquella manzana. 



A falta de alguna foto suya, sea pues este pequeño recorrido por la casas del pueblo que acogieron el viejo servicio telefónico mi mejor recuerdo y homenaje a la Santos y a su vieja y olvidada cantinela: ¡Haro, haro haro...!


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Al día siguiente de publicar este post, Ramón Campins Yusta me envía la foto de una de aquellas placas de Teléfonos para completar mejor nuestro recuerdo. Con lectores y colaboradores así da gusto hacer este blog. Gracias, Ramón. 





jueves, 15 de marzo de 2012

112. VUELTA CICLISTA A ESPAÑA 1976



Sigo con el tema de las carreras, pero en este caso de rango muy superior. Es el caso que estaba el otro día en Poli tomando una cerveza con Carpo y Sergio, y ahora que llevo yo el pelo largo y Sergio corto, me acordé de que por algún lado tenía yo una foto en la que la longitud de nuestros pelos iban al revés. La busqué y vi que la hice un día de mayo o junio de 1976 en que subimos al Puerto de la Herrera a ver el paso de la Vuelta Ciclista a España.

Este el momento en que apareció por una de las curvas más duras del puerto, donde estábamos apostados, nuestro ídolo de entonces, Luis Ocaña, a la izquierda del grupillo y rodeado de los escaladores del equipo KAS:


En aquel día comprobamos que los ciclistas que no van en cabeza suelen subir el puerto con la ayuda del público:


...pero eso no es lo que más importa de esta foto; mi interés está en ver que en el grupo de amigos que fuimos a ver la carrera estaban también mi hermano Alberto y Emilio Aira, cigarrillo en boca, y con un  tipillo fino que seguro que añorará.




lunes, 5 de marzo de 2012

111. DOS VIEJAS CARRERAS



Hace unas pocas semanas encontré en el blog de Felipe un par de tesoros que no podía dejar de traer aquí: las fotos de la salida de dos carreras que organizamos a comienzos de los setenta en las fiestas de San Bartolomé de Oreca. Debió de ser por entonces cuando a mi padre se le ocurrió la idea de adelantar las fiestas de acción de gracias de septiembre, que coincidían con las de Haro, para aprovechar la concurrencia del turismo estival. Nos debió de decir a nosotros que organizásemos algo, y a mí, que siempre me han gustado más las carreras individuales que las competiciones de grupo, se me debió de ocurrir hacer una carrera de bicis y otra pedestre, ambas con evidentes tintes rurales, o en términos anglosajones, en modalidad de "cross".

El trazado de los circuitos fue también cosa de mi padre, y recuerdo que me sorprendió mucho la dureza de la carrera a pié y que no estuve muy de acuerdo con ella. Por eso seguramente sólo participé en la de bicis, como se puede comprobar en la foto de arriba (soy el primero por la izquierda). A mi derecha, según se mira, reconozco a Felipe, a Atín y Juan Ramón en el centro, a Ricardo Comunión y a Jesusín León a la derecha del todo. No fuimos muchos los que nos animamos a participar porque el trazado también era duro: se trataba de subir hasta las Llanas por el camino del Ea (que entonces no estaba ni mucho menos tan arregladito como ahora) cruzar hacia el Oeste por el largo camino que atraviesa las Llanas y volver a la línea de salida por el camino de Jembres. Mi hermano Ricardo suele contar que la llegada a meta del ganador, que si no recuerdo mal fue Juan Ramón, coincidió con la salida de la procesión de San Bartolomé y que el público no sabía a cual de las dos cosas atender, pero aunque algo de eso hubiera, supongo yo que serán cosas de su imaginación porque no creo que tardásemos tanto en dar esa vuelta como para que se olvidaran de nosotros. Yo recuerdo, sí, que se me salió la cadena en la subida a las laderas y me adelantaron todos, y que luego recuperé algún puesto gracias a algún que otro incidente similar de la competencia.


Si no recuerdo mal, el duro cross pedestre fue por la tarde y el circuito consistía en salir por el Camino de Cihuri hasta la casa del "Cojo", bajar al río y cruzarlo por el antiguo vado, para subir por entre el castillo y el frontón, cruzar la plaza, bajar por la chozna hasta el río, cruzarlo de nuevo a la altura de Viñas Viejas y llegar a meta en la caseta del caminero. Duro de narices. Así que ya podemos aplaudir el valor de todos a los que vemos en la línea de salida ¡incluídas ese par de chicas! A mi padre le veo la mar de contento por detrás, enmarcado por la puerta de la caseta. También entre el público se le ve al guarda, Minguez, a un hijo de Ugarriza, a Antonio, el hijo de la Rosario y el Chatillo, a los bilbaínos Fernando, Carmelo y Gerardo, éste último en posición de salida. A quien no veo es a quien tengo por ganador de aquella increíble carrera, es decir, a Andrés Salazar, aunque de mi memoria en asuntos de Anguciana mejor no fiarse mucho.

Qué cosa tan sencilla y bonita es una simple carrera y qué poco dados a organizarlas somos. Será que también tenemos que aprender del pasado.

(y volviendo al comienzo de esta entrada, muchas gracias a Felipe por guardarlas y publicarlas en su variopinto blog y por darme permiso para traerlas aquí; coincidí con él en el entierro de Carmelo Yusta, quien fuera también gran organizador de partidos pelota...; ay, siempre me digo...: qué necesitados estamos de organizadores, y de dar apoyo a los que organizan algo).


jueves, 16 de febrero de 2012

110. ABRIENDO LA PROCESION



Tenía un par de fotos por ahí perdidas de una subida de la Virgen de los años noventa sin saber donde ponerlas y creo que hoy les ha llegado su hora, porque esta misma tarde hemos enterrado en Logroño a Carmelo Yusta; y en esas dos fotos aparece abriendo la procesión junto a mi padre. Se me hace muy grato recordarlos a los dos así, tan amigos y tan mayores, abriendo la procesión en la calle Arriba. Ya los dos han llegado a lo más alto y tras ellos, claro está, vamos todos.


Eran tan mayores que ya pasaban un poco de la procesión y estaban a su cháchara, lejos de la mirada de Félix, que se hubiera enfadado de verles tan poco atentos al paso de la Virgen. Mi padre descansa justo al otro lado de esa tapia que vemos a la izquierda, y Carmelo Yusta se ha quedado aquí en Logroño, donde ha vivido toda la segunda parte de su vida. 

A Pepito y a Carmelín les he comentado durante el entierro que seguramente habrá ya unos cuantos de Anguciana en el cementerio de Logroño, pero aparte de decirme que justamente a su abuelo lo enterraron aquí, no me han sabido decir de más. Carmelo Yusta está muy cerca de la puerta, justo entrando a la izquierda. El hecho de que se haya quedado en Logroño para siempre hace que esta ciudad me sea ahora un poco más querida. 

(Una vez más le agradezco a su nieto Raúl Jiménez que me haya avisado a tiempo para poder asistir al entierro porque no siempre puedes o tienes la oportunidad de acompañar a los amigos y vecinos a su última morada. Un paseo que don Gregorio y don Sixto enseñaban como obra de caridad, pero que yo lo veo más como ese sencillo gesto de amistad y cariño que, cuando nos enteramos a tiempo y podemos, todos los del pueblo tenemos para con todos. Un paseo tan bonito, como la misma procesión).  


martes, 7 de febrero de 2012

109. LOS RIAÑO GOMEZ



Una de las alegrías que me proporciona este blog es recibir de vez en cuando cartas de personas que lo encuentran por casualidad en internet y que agradecen el ver fotos viejas del pueblo y caras conocidas de hace años, o como fue en este caso, al encontrarse a sí mismos en alguna de las fotos ya publicadas.

A propósito de la foto que puse en el post del Album de Ignacio Martínez Gómez, el pasado mes de Enero me escribió Luis Miguel Riaño Gómez y como su carta es sencilla y concisa, y nos da todos los datos que a mí me gustaría contar, la transcribo sin mayor reparo:


Estimado Juan:
                            No se si te acuerdas de mi, yo soy Luis Miguel Riaño, hijo de Veguchi de Anguciana (hermana de Purificación Gómez, la de la tienda de enfrente de la fuente), solía ir desde Burgos todos los veranos a Anguciana y era amigo de tus hermanos Ricardo y María Pilar, mis vacaciones las compartía entre Sajazarra (pueblo de mi padre) y Anguciana, por eso estaba menos tiempo en Anguciana que mi hermano gemelo José Daniel.
                            También tuve la oportunidad de conocer a toda tu familia, cuando estuvimos trabajando en tu casa (era el cuartel de operaciones) preparando toda la infraestructura de la Tómbola para las misiones, que montamos un verano en las escuelas, entonces te llamaban Juanchu y guardo muy buenos recuerdos de ese tiempo. 
                            Deseo felicitarte por el blog tan estupendo que tienes sobre Anguciana. Como en el mismo hay comentarios tuyos sobre mi primo José Ignacio  Martínez Gómez y una foto y en la que estoy yo, según dices después de tanto tiempo, resulta difícil identificar a los componentes de la misma, te envío las notas adjuntas, para tratar de poner un poco de luz.
                            Me alegra saber de ti, aunque haya sido casualmente por medio de Internet y espero que en algún momento nos podamos saludar personalmente. Da muchos recuerdos a la familia en especial a tus hermanos Ricardo y María Pilar.
                            Un fuerte abrazo.


Por supuesto que me acordaba de él y de su hermano gemelo José Daniel, y también de su hermana y de su primo Pedro Mari, así que a vuelta de correo le mandé un abrazo para todos. Cual no sería mi sorpresa (y mi dolor) cuando me dijo que tanto José Daniel, como Pedro Mari habían fallecido hace años. Como de Pedro Mari tenía yo un par de fotos que seguramente él no tendría, se las mandé, y a cambio le pedí que me enviara alguna de su hermano José Daniel, a quien me gustaría recordar en este blog.

Luis Miguel me remitió la foto familiar que he puesto arriba y que a muchos ha de traer más de un buen recuerdo porque si algo creo recordar de esta pareja de gemelos era lo entusiastas y alegres que eran.

Me dijo Luis Miguel que ahora vive en Alcalá de Henares y que si alguna vez caía por allí, no dejara de llamarle. También en estas navidades (creo que lo he contado) me escribió un hijo de Pablo "Caín", nieto de la Petra, y me dijo que vivía en Torrejón de Ardoz, justo al lado de Luis Miguel, así que ya me voy haciendo un mapa de estrellas con la gente de Anguciana (o con raíces en nuestro pueblo) que corre por el mundo.

Pongo las dos fotos que le envié a Luis Miguel en las que aparece Pedro Mari, en una con mis hermanos Alberto y Ricardo, y en la otra con otro amigo o pariente cuya cara me suena pero que no logro identificar.



Lo mismo se reconoce al verse, me escribe, y añado otra estrellita al mapa.


viernes, 27 de enero de 2012

108. LA EZEQUIELA Y LA FELI


Una vez más quiero advertir a los amigos que vienen por aquí, que un blog, o más en concreto, este blog,  no tiene nada que ver con un periódico o una revista. Es decir, que cuando me pongo a escribir estas líneas, no lo hago en absoluto para hacer "crónicas de mi pueblo". Digo esto porque de vez en cuando alguien me dice que saco a unos sí y a otros no, que me equivoco mucho o que digo cosas que no se deberían contar por políticamente incorrectas.

A diferencia de los libros, revistas o periódicos, un blog no es más que un cuaderno de notas absolutamente personal de pensamientos y recuerdos que uno tiene el gusto de compartir porque la tecnología lo permite ahora sin intermediario alguno. Tal y como algunos pensadores señalaron con especial lucidez hace ya más de veinticinco años (véase por ejemplo "El aprendizaje de la decepción" de Félix de Azúa) los medios de comunicación se han convertido en una especie de jueces o notarios de la existencia, de manera que ya todos hemos empezado a creer que lo que sale en los periódicos es lo que existe, y que si no sales en los periódicos, no eres nadie.

Frente a ese nuevo y determinante "poder" de los mass media, yo aún creo que a las gentes de pueblo, a las gentes sanas con raíces en un lugar, les importa un bledo (nos importa un bledo) lo que digan los periódicos y televisiones, porque para saber que uno es quien es, no hace falta más que salir a la calle, al bar o a la tienda y saludar a los vecinos. Y para los vecinos uno será siempre el hijo de la Maruche o el nieto del Palaciano, el que vive junto a la fuente o el que se casó con la hija de unos bilbaínos, etc. etc etc, salga o no salga en los periódicos, triunfe en Nueva York o acabe en la cárcel.

Y por eso me agarro al pueblo, a mi pueblo, y por eso escribo en este nuevo género, los blogs, que han caído del cielo no hace mucho: porque no son periódicos que traten de establecer quien es o quien no es, sino cuadernos de notas personales con los que trato de hacer la puñeta a todos esos poderosos dueños de los medios de comunicación que deciden (o creen decidir) quien existe y quien no.  

Aquí, en Anguciana, somos todos. Otra cosa es que lo cuente o que no. Mejor dicho, es materialmente imposible que pueda hablar (y hablar bien, con mesura y precisión) de todos los que somos, de todos los que han pasado por Anguciana o de todos los que han sido. Por eso, este blog no tiene la más mínima importancia. Y como se os ocurra dársela, hasta se me pueden quitar las ganas de escribir.

Advertidos de todo esto, voy a seguir trayendo por aquí mis recuerdos y mis fotos de las cosas del pueblo, o los recuerdos y fotos del pueblo que algunos me envían y quieren compartir, con la misma idea con la que empecé, es decir, con la voluntad de consolidar ese asidero al que me agarro para evitar que me arrastre la vorágine de la nadería de la comunicación todopoderosa: ese asidero al que llamo pueblo; ese asidero que se llama Anguciana.

Decía el otro día que me encantaría seguir la pista de las gentes del pueblo que se han ido a vivir a otros pueblos o ciudades porque ese es mi propio caso, y porque nada me gusta más que compartir con otros la misma necesidad de saber de nuestras raíces. Pero como todos los lugares del mundo, Anguciana no es sólo punto de partida, sino también punto de llegada, tierra en la que enraizaron gentes nacidas en otros pueblos que traerían consigo en su memoria y sus recuerdos. Es el caso, por ejemplo, de las dos criadas o niñeras que yo conocí en mi infancia, la Ezequiela y Feli. (Pienso al escribirla, en la propia palabra "criada", caída ya en desuso y sustituída por el eufemismo "empleada de hogar" y retorno con ello a la infancia: ¿tenía algo malo la palabra "criada"? ¿de donde venía? ¿eran criadas porque antiguamente se "criaban" en las propias casas donde servían o eran más bien "criadoras" por lo mucho que ayudaban en la crianza?. Dejémoslo aquí y pongamos la primera foto, que este post lleva camino de ser el más largo de todo el blog y aún no lo he empezado).


Aquí tenemos a la Ezequiela, que según oí de niño, vino a Anguciana procedente de Valdeajos, un pueblo de la comarca burgalesa de la Lora (al noroeste de la provincia, casi lindando con Palencia) donde a mediados de los sesenta se dijo haber encontrado petróleo. Con la Ezequiela, antes o después, también vendrían sus dos hermanos, Paco "Tiembla", que vivía en los soportales que bajan a la iglesia, y Justo Sáez, casado con la Amelia y padres de la Conchita (puse de ellos en el post 61 la foto que tienen en su tumba). 

Como nunca he estado en Valdeajos ni había visto foto alguna del pueblo de la Ezequiela, voy a remediarlo rápidamente con la misma herramienta que nos permite ponernos en contacto aquí, es decir, con internet:


No hay ni un árbol en ese páramo. Es una foto de la primavera de 1992. El verano o el invierno deben de ser duros en esas tierras de cereal (de pan llevar las llamaban antes). Ezequiela se debió traer de Valdeajos muchos dichos que se han perdido. Aún recuerdo uno, y era que cuando llovía decía que "caían ochentines" que debió de ser alguna moneda parecida en sus tiempos a los centimillos estos del euro que tenemos ahora.

Ezequiela se fue con mis padres a Madrid y la foto de arriba es de un paseo con mis hermanas por sus calles, foto que pongo entera aquí porque creo que es muy bonito recordarla así:


Ya se la ve bastante mayor, y es que según tengo oído Ezequiela estuvo toda su vida ligada a nuestra casa, porque no entró en ella para criarnos a nosotros sino ¡a mi padre! Debió de entrar siendo una niña. 

La que vino a ayudar a nuestra familia viviendo nosotros en Madrid fue la Feli, a quien vemos bien joven y guapa en esta otra foto. 


Yo sabía que lo hizo por recomendación de la portera de la casa donde vivíamos, pero no recordaba el pueblo del que vino. Mi madre me lo ha dicho esta misma mañana: Pajares, en Guadalajara. Vamos allí también con la ayuda de internet, está muy cerca de Brihuega, en una zona también muy árida.



Se ven bastantes casas nuevas en esta única foto panorámica que he encontrado en Google Earth. Seguramente que Feli lo recordará bastante más rústico. Igual esta fuente y esa calle empinada le puedan traer algún viejo recuerdo de su pueblo de origen.



Me cuenta también mi madre que cuando cuando vinimos a pasar el primer verano a Anguciana estando Feli ya en casa, se vino con nosotros, pero Anguciana no le gustó lo más mínimo y en los dos años siguientes prefirió quedarse los veranos en Madrid pidiéndole permiso para trabajar en otras casas. Al cuarto año de estar con nosotros accedió nuevamente a venir a Anguciana y mira por donde que llevando a mi hermano José Mari de paseo, y montándole en el trillo que guiaba Tomás en las eras...,  se quedó para siempre ya en nuestro pueblo. 

Aún recuerdo la sencillez del ágape que dieron en la casa de sus suegros el día de su boda. Debió de ser la primera boda a la que fui en mi vida y no creo haber vivido nunca más una boda en la propia casa de uno. Qué recuerdo tan bonito tengo de aquel día. 

Pongo también la foto de donde he ampliado el retrato de Feli, y con la que os vais a reír un rato al ver la cara de pocos amigos que tengo yo. Nos la hicieron en el parque de Evita Perón que estaba cerca de casa y que ahí sigue. 


Como ya sabéis, Tomás murió el pasado mes de diciembre y seguramente Feli habrá cerrado su casa (al menos en invierno) y se habrá ido a vivir con alguna de sus hijas. Pero estas navidades vino a nuestra casa a visitar a mi madre, y según me ha contado repetidamente, le hizo una ilusión tremenda. Muchas gracias, Feli, por todo. Y por ser ya, y para siempre, también de Anguciana. 





domingo, 15 de enero de 2012

107. FELIX

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Desde Octubre sin poner nada en este blog. Ya lo siento. Yo pensaba que el hecho de ser concejal me iba a dar muchos más temas para traer aquí, pero resulta que es al revés: que para este tipo de escritura creo que va mejor la distancia. Sobre lo que ocurre en el Ayuntamiento, los mejores textos son sin duda los que escribe Marisa, la Secretaria. Me maravillo cada vez que los leo. Es de una fidelidad asombrosa con lo que se dice allí, y por si eso fuera poco, igual que los buenos fotógrafos nos saca a todos mucho mejor oradores o pensadores de lo que somos. No sé si con nosotros el pueblo está en buenas manos pero seguro que con Marisa está mucho mejor contado que con lo que pudiera escribir yo.

Puestos a pensar en temas para el blog se me cruzan siempre las necrológicas, esas tremendas noticias que todos los del pueblo estamos siempre prestos a darnos como si nos fuera la vida en ello (porque seguramente se nos va en ello). A finales de noviembre murió Tomás, el Litri, a quien recordaré siempre montado de pié en alguna de las yeguas que llevaban los carros con que íbamos en San Pedro a Haro. En diciembre murió Pablo Ballugera y asistí al funeral de despedida con la doble emoción del cariño hacia el viejo vecino y de la despedida definitiva de Félix, nuestro cura. Ayer sábado Carpo me contó que el viernes habían enterrado sucesivamente a la Lola, la mujer de Emiliano, y a Jose Antonio "Plin", quinto de mi hermano Ricardo (creo), y miembro de la cuadrilla de los Mismos. Pero hacer de este blog un obituario no ha sido nunca mi intención por mucho que las emociones de los recuerdos del pueblo tengan que ver con las emociones de las despedidas.

Durante estos tres meses que no he escrito nada he recibido, sin embargo, alguna carta muy interesante de los lectores que he estado tentado de publicar. Por ejemplo, la ejemplar carta del hijo de Pablo "Caín", nieto de la Petra, desde Torrejón de Ardoz, presentándose debidamente (lo que no es común en estos tiempos de internet) y prometiéndome fotos para el blog; la cariñosa felicitación de Luis Miguel Riaño, hijo de la Veguchi y sobrino de la Puri, que me da todos los datos de la foto del post anterior y que con mucho gusto introduciré en aquel; o el de un señor con apellido alemán casado con una descendiente de Roque Martínez que me da noticia, nada menos, de la posible hidalguía castellana de aquella familia. Al hilo de estas cartas y del éxito de ese programa de televisión titulado ESPAÑOLES POR EL MUNDO, se me ocurre que una manera de darle aire al blog este año podría ser la de contar cómo viven o cuanto añoran el pueblo los descendientes de Anguciana, sea en el grado que sea. Claro que para ello necesitaría su colaboración porque yo no tengo un equipo de televisión ni presupuesto para desplazarme. Pero con una carta, unas fotos viejas y alguna reciente, y unos pocos datos bien contados creo que ya me valdría. Pensároslo y animaros.

Con lo uno y lo otro, sobre lo que más me apetecería escribir estos días es sobre Félix, el cura que se nos ha ido del pueblo pero que, por suerte aún está por aquí y Dios quiera que por mucho tiempo. Esta misma tarde he cogido la motocicleta y me he ido a la Residencia del Seminario a hacerle una visita, pero ya en la puerta un cura compañero suyo de promoción me ha informado que todavía no se había instalado en ella. Esa es una buena noticia, porque quiere decir que todavía anda por ahí zascandileando y que estará bien de salud. Yo iba todo contento y con la sensación de gratitud de las muchas visitas que él le hizo a mi padre en sus últimos años de vida, pero tiempo habrá de hacérselas. También quería pedirle recuerdos y fotos, porque yo no tengo casi ninguna de él. La única que he encontrado en la carpeta de recuerdos de Anguciana es la que he puesto arriba ilustrando estas líneas. Debe de tener más de quince años, pero valga como presentación de todo lo que Félix representa.

En fin, como todavía es año nuevo y tiempo de buenos propósitos, voy a ver si consigo que no haya ningún mes sin al menos un recuerdo de Anguciana en este blog.
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