miércoles, 27 de octubre de 2010

75. EL WHISKY CLUB Y... LOS PERIODISTAS

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En Febrero de 1975, estando estudiando yo mi último curso de arquitectura en Barcelona, recibí una carta de mi padre adjuntándome el recorte de periódico cuyos titulares he escaneado y puesto como cabecera de esta entrada. La noticia / reportaje ocupaba toda una página de LA GACETA DEL NORTE, periódico antiguo de formato tabloide, es decir, tan grande que no cabe en mi escáner. He tenido por tanto que transcribir el largo texto de la misma, para que los lectores de este blog no se pierdan detalle, y escanear aparte las fotos.
No he encontrado entre mis papeles la carta de mi padre pero tengo el recuerdo de que sus comentarios tenían un tono lacónico. No es que mi padre estuviera a favor del “whisky club” sino que la forma de vivir el asunto como alcalde que era, y la forma de contarlo del periódico, le debieron de mover a la distancia y la sonrisa.
Que el periodismo es uno de los grandes males de nuestra época es una de las verdades a que he llegado con la madurez, pero yo creía que era por una degeneración del mismo en tiempos de la concentración de medios y de internet. Está claro que no era así: el problema es que siendo joven no me daba cuenta de lo mal que lo hacían ya entonces y de que la tendencia a novelar las noticias es una infección que viene de lejos.
A la vista de la noticia y la forma de contar lo sucedido creo que se puede decir que Anguciana, más que víctima de la apertura de un puti club (el eufemismo del whisky es su primera ridiculez), fue víctima de la visita de la prensa.



En la presente fotografía compuesta, una vista general del “whisky club” que ha originado los últimos sucesos de Anguciana y un primer plano del secretario del Ayuntamiento de la localidad riojana.


ANGUCIANA (LA GACETA DEL NORTE)

“No queremos que ese chisme continúe ahí abierto. Es un atentado contra la moralidad. No está bien que los niños lo vean, ni está bien como ejemplo para los mayores. Si quieren ponerlo, que lo pongan..., peor en otro sitio, no en nuestro pueblo. Este es un sitio muy decente, a mucha honra”.

Así me hablaron ayer numerosos vecinos del pueblo de Anguciana cuando acudimos a esta localidad cercana a Haro para seguir la pista a la noticia facilitada por nuestro eficiente corresponsal jarrero Alfonso Verde Echaide, y que fue publicada –como Vds. recordarán-, en rigurosa primicia dentro de las páginas regionales de LA GACETA DEL NORTE en el número de ayer.

LOS HECHOS UNO A UNO

La noticia –curiosa, anecdótica o ejemplar, como quiera calificarse-, es la siguiente: este último sábado se inauguró un “whisky club” en Anguciana, aprovechando los locales de un bar existente a la salida del pueblo por la carretera de Cihuri. Concretamente el local es un “club” de esos de bombillas rojas, barra americana y consumición mínima de diez duros” según palabras de los propios vecinos. Pues bien, justamente el domingo la Asociación de Cabezas de Familia de Anguciana convocó, en los locales que el Ayuntamiento tiene dispuesto a tal fin, una reunión de todo el vecindario para pulsar la opinión pública respecto a la repulsa o aprobación de dicho establecimiento.

NO A LAS LUCECITAS DE COLORES

Es el propio presidente de la Asociación de Cabezas de Familia, don Edmundo Mendoza, quien nos dice:
- El vecindario acudió de forma masiva y multitudinaria. Todos manifestaron su disgusto y malestar, ya que, como decía el otro, la apertura del “whisky” ese representaba una atentado contra la paz y el orden y la moralidad.
- Continúe...
- Al final, se acordó dejar constancia de este sentimiento por escrito. Porque ya se sabe, “las palabras se las lleva el viento”. Pues bien, el pueblo unido ha dicho que no a las lucecitas de colores. Y aquí esta la prueba. Y don Edmundo Mendoza me enseña el original del acta levantada sobre la reunión a que nos referimos y que viene refrendada por la firma de 137 personas.

PARA SU ELEVACIÓN AL GOBIERNO CIVIL

Textualmente, este acta, dirigida al propio alcalde de Anguciana, don Carmelo Diez del Corral, afirma:

“Reunida en Anguciana el día 4 de febrero de 1975 la Junta Rectora de la Asociación de Cabezas de Familia aprobada con los números 4.155 y 3.453, presentamos estos datos recogidos en la junta general celebrada el pasado día 2 de febrero en los salones del Ayuntamiento, para que tome urgentemente las medias oportunas y dé curso del presente escrito al excelentísimo gobernador de la provincia puesto que entra en su competencia como consta por el artículo IV, números 1 y 8 de esta institución.

Opinamos que son peticiones justas que merecen ser escuchadas, debido a que es un pueblo pequeño, tranquilo, que carece de vigilancia nocturna competente para evitar las posibles alteraciones de orden público que suelen resultar frecuentes como nos consta por otros lugares donde se hallan establecidos.

Creemos también que este centro perjudica seriamente la moralidad y sanas costumbres que siempre hemos disfrutado, de nuestros jóvenes y niños. Su educación queda completamente anulada por el ambiente que le rodea.

Por último, pensamos que dejaría de ser un lugar apacible para el descanso y paz de varios centenares de familias que en unión de sus hijos, pasan sus vacaciones veraniegas entre nosotros.

Por todo ello consideramos que no se debe autorizar la apertura de dicho local, a la que unánimemente el pueblo muestra su disconformidad por la totalidad de firmas que adjuntamos.

Y siguen 109 firmas de cabezas de familia y mujeres de Anguciana, así como las de 28 jóvenes solteros.

SOLO ABRIO DIA Y MEDIO

En nuestra visita a Anguciana pudimos constatar que “El Bodegón El Refugio” –que así se llama el “whisky club” citado por los vecinos del pueblo riojalteño-, permanecía cerrado. Preguntado sobre el particular, el Secretario del Ayuntamiento nos dijo:

- En realidad sólo abrió el sábado y parte del domingo. Exactamente a las diez d ela noche, que es cuando empieza el “follón” en establecimientos de este tipo, y a la vista de los acontecimientos que tuvieron lugar, el dueño decidió –al parecer-, cerrar el local por voluntad propia.

- Ya, el local es....

- Un bar, usted ya sabe, con barras de esas que atienden señoritas....

- Entiendo... ¿Postura del Ayuntamiento ante el tema?

- ¡Y qué vamos a decir nosotros! En realidad se ha tratado de un traspaso de local. La licencia ya estaba concedida. El nuevo dueño ha decidido poner camareras en la barra... Nosotros sólo podemos intervenir si existe un altercado o una alteración cualquiera del orden público. Mientras tanto...

LLEGAR A LA EXALTACIÓN

En Anguciana no se habla de otra cosa: el asunto del “club” acapara atenciones. Incluso el fútbol, tema dorado, ha pasado a un plano secundario. Las frases y las opiniones son para todos los gustos. Desde “no tenemos nada que decir” de los antiguos dueños del bar (hable con la señora de don José Luis Ibarnavarro), hasta el “aquí hay muchas rencillas, envidias y esta ha sido la ocasión para que saltasen los ánimos” pasando por el rotundo “que se vayan, que nos dejen tranquilos, este es un pueblo muy decente” de la esposa de don Edmundo Mendoza, los pareceres son de todos los colores.

Durante un buen rato estuvimos charlando con las vecinas de Anguciana Monserrat Barrio, María León, María del Pilar Gómez, María Adoración Ruiz y Francisca Tobalina. En diversos grados, pero todas se mostraban en desacuerdo con la instalación del “whisky club” en Anguciana. Una, más clara o con mayor ingenio (quién sabe), nos llegó a decir:

- Esto es el fin. Parece que ya no queda moral ni nada. Nosotros defenderemos la nuestra hasta el final.

Así, como lo pueden leer. Así están de encendidos los ánimos en Anguciana. Y todo, al parecer, por un “whisky club” que –como recalcan los vecinos- “no es muy de fiar”.

VICENTE ESCUDERO
(Fotos Albe)

La noticia/reportaje venía con otras dos fotos más y los largos pies de foto que también transcribo:


Un momento de la encuesta realizada en la propia localidad riojalteña con varias vecinas que expusieron su opinión sobre el problema del “whisky club”.


Sin duda, uno de los organismos que más se han preocupado de resolver el problema ha sido la Asociación de Cabezas de Familia de Anguciana. En la adjunta fotografía su presidente, D. Edmundo Mendoza, informa a nuestro redactor de los pormenores de la asamblea celebrada.
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martes, 19 de octubre de 2010

74. DEL ALBUM DE MAITE YUSTA

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Volviendo al pueblo de las personas y dejando aparcado el de las casas, os cuento que hace unos días recibí desde Algeciras un precioso recuerdo de gentes de Anguciana. Me lo mandó Francisco Javier Toledo Yusta, hijo de Maite (o Mari Tere) Yusta, hija de Rafael Yusta y Cándida. De las dieciseis foto que me mandó he seleccionado doce para el blog, dejando sólo sin publicar las estrictamente familiares. Me parece que es un criterio bastante razonable cuando se trate de álbumes grandes.

Al principio pensé que me iba a ser difícil identificar a muchas de las personas que aparecen en las fotos, pero días después, la propia Maite Yusta le echó una mano a su hijo y entre ambos me facilitaron la mayoría de los nombres.

En esta primera foto, la más vieja de todas, posan Rafael y Cándida con Jesús (Caín) y la Petra. 



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En esta otra, con un fondo de estudio, sólo identifican a Cándida, a la izquierda, que coge del brazo a una amiga suya llamada Martina:


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En traje de faena esta vez, vemos a Cándida y a Carmen la de Badillo en el centro. A la mujer de la derecha no la reconocen pero aseguran que es hija de Apolonia.


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Cambiamos de temática y vemos ahora aun par de fotos en las que Maite Yusta y Alicia Salazar posan y bailan en la plaza debajo del viejo Ayuntamiento:



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Más próximo en el tiempo es este otro grupo de fotos de Maite Yusta con amigas. En la primera de ellas,  hecha en uno de los bancos de la plaza, vemos a unas cuantas chicas rompiendo moldes con el cigarrillo en la boca. De izquierda a derecha: Alicia, Paqui (hija de Carmelo Yusta y Mercedes), Margarita (hija de Cabecilla), Maite e Hilaria, y sentada, Magdalena (la de Plin):


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Agarrada a la reja de la casa de Jaime Marín vemos de nuevo a Maite junto otra amiga sentada en la bici. Me dice Francisco Javier que esa chica es Margarita, pero yo no lo creo así. Dado el extraordinario parecido  con la joven Berta, yo supongo que es su madre, Crucita, así que espero que algún lector nos saque de dudas:


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A cuatro pasos del lugar de la anterior foto, aunque en diferente ocasión, vemos a Maite bailando con  Marisa, hija de Luis Martínez y la Elena:


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Lo más divertido de esta alegre foto tomada en el río son los modelos de bañadores. Dicen mis reporteros que las chicas son bilbainas pero a mí no me lo parecen. Al menos creo reconocer a Consuelito (hija de Malán) en la de la izquierda:


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Y por fin una foto de chicos y chicas. Flanqueados por Javier (el hijo del Secretario) a la izquierda y por Eduardito Salazar a la derecha, vemos de nuevo a Alicia, una chica forastera desconocida con traje blanco en el centro, Magdalena (la de Plin) y Maite. 


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Las dos últimas fotos que pongo de su álbum pertenecen a una singular visita que hizo el Gobernador de la provincia con su familia a invitación de Carmelo Yusta, que por entonces trabajaba en el Gobierno Civil. El célebre Calleja no desaprovechó la ocasión de hacer (y vender) unas fotos, permitiéndonos gozar a muchos años vista de aquella simpática mezcolanza de gentes "importantes" y gentes del pueblo. Vemos de nuevo a Rafael Yusta, a Cándida, a Maite, a Mercedes (la mujer de Carmelo Yusta) y al Gobernador (de traje y corbata, claro está) con su mujer, hijos y demás séquito, todos ellos en las mesas del soto.



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No me cabe sino reiterar mi agradecimiento a Maite Yusta y a su hijo por compartir con todo el pueblo sus fotos, pues si a mí me ha encantado verlas, mucho más les gustará a quienes se vean en ellas y a sus familiares. 
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lunes, 11 de octubre de 2010

73. LOS BILBAINOS

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Aunque lo tenía pensado desde hace mucho tiempo, he tardado en ponerme a redactar este post porque me imaginaba que al hacerlo iba a traspasar una raya decisiva o un límite esencial en la historia de Anguciana. Podría decirse que hay un antes y un después de la llegada de los veraneantes al pueblo y de que, finalmente, Anguciana se convirtiese en un pueblo de veraneo, en un pueblo de veraneantes. Por hacer más castizo el paso de esa raya, le he puesto al post el nombre con que los del pueblo les llamábamos a los veraneantes: “los bilbainos”, acentuando la palabra en la “a”, que es como lo decíamos en el pueblo, y no en el diptongo, que es como manda la Academia que debe decirse.

Varios son los “bilbainos” que me han escrito tras haber encontrado este blog, y la mayoría con más agradecimiento y afecto al pueblo si cabe que los propios oriundos. Uno de los primeros post de este blog, el n. 11 JAIME MARIN , ya lo dediqué a uno de los primeros “bilbainos” que vinieron a veranear a Anguciana, y que en su doble amor al pueblo y a la fotografía, seguro que captó incontables veces el uno con la otra (aún estoy deseoso de encontrarme algún día con él y ver su archivo). Luego han ido apareciendo aquí algunos “bilbainos” famosos, como el árbitro internacional Juan Gardeazábal, o en las fotos de grupos, como por ejemplo al mencionar las chopas de la carretera o al poner algunas de las fotos que me pasó Miguel Angel Marcotegui. Pero el hecho incontestable de mi deuda para con los “bilbainos”, o de mi deuda para con el pueblo, no es otro que el de que... ¡yo mismo me acabé casando con una “bilbaina” que vino a Anguciana a veranear!. Esa si que es gorda, dirán quienes hayan leído este blog y no me conozcan. Ese sí que es el límite o la raya que algún día tenía el autor que cruzar. Pues sí, así es: Anguciana dejó de ser un pueblo cerrado en su historia y en sus formas cuando llegaron los "bilbainos", y cuando..., mira por donde, mi vida quedó dividida entre los recuerdos juveniles del pueblo y la vida adulta fuera del pueblo junto a una bilbaína... a la que conocí en el pueblo. Y por si eso fuera poco, también mi hermana Mercedes se casó con un “bilbaino”... de Elorrio, cuando se le ocurrió venir por el pueblo a pasar unas semanas de descanso en sus mejores tiempos de gloria futbolística.

Pero antes que empezar a traer aquí a gentes, familias, cuadrillas, casamientos y todo eso, que también podría constituir parte de esa OTRA IDEA DEL PUEBLO, de la que hablaba hace unos cuantos post, y de las que yo apenas sé nada, quisiera empezar por referirme a lo más genuino de este blog, es decir, a la arquitectura, a la configuración del pueblo. Y por ello lo he abierto con la foto de la casa que para mí es todo un emblema de la llegada de los “bilbainos”, con la casa que es para mi todo un monumento a ese momento de cambio en el pueblo, una casa que si desapareciera seguro que me haría llorar tanto como la desaparición del kiosko y los árboles de la plaza: la villa San Ignacio, la casa de los “Bascaranes”, o como la llamábamos con ese gracejo de los motes que pone la gente del pueblo, “el chalet de goma”, pues en él se metían ni se sabe cuantas familias a pasar sus primeros veraneos en Anguciana.

La llegada de los “bilbainos” trajo consigo a Anguciana la aparición de los “chalets”, ese tipo de casa tan ajeno a la economía urbana y rural del propio pueblo; y casi a la vez que los chalets, los bloques de pisos o apartamentos con alturas desproporcionadas y muy superiores a las de todo el caserío. El primer ensayo en masa de lo uno y de lo otro, de los chalets y del bloque, se hizo en la despoblada Oreca, habitada hasta entonces en solitario por Alejandro Barrio (el cojo de Oreca, de quien ya hemos hablado varias veces) y familia. No creo tener fotos de aquellos primeros años de construcción en Oreca, por lo que la foto que aquí pongo es de 1978, cuando además de los chaletitos y el bloque de Urcullu, ya se ven otras promociones de chalets como la de Miguel, el de Durango, o varios de los primeros chalets individuales.



Dentro del caserío vendrían luego las promociones de Miguel Llorente en las Callejas y las de Manolín Samaniego con sus Piscinas al fondo de la calle Arriba, dándole al pueblo una media vuelta en su configuración de la que aún no se ha repuesto, ni ha asimilado o integrado bien, y además ya nunca lo hará, porque visto desde la perspectiva de la arquitectura, el salto entre el modelo de las calles y casas rurales y los nuevos tipo de vivienda y de promociones fue brutal. Menos mal que para compensar..., el encuentro entre los del pueblo y los “bilbainos”, fue en algunos casos (como el mío...) mucho más amoroso y feliz. Seguiremos con ello.
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