jueves, 12 de agosto de 2010

70. LA CUCAÑA

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He contado varias veces en este blog que a excepción de las fotos de la vieja fuente carezco de imágenes o recuerdos del gran espacio vacío en que consistía la actual plaza de los jardincillos junto a la carretera. Tengo un ligero recuerdo del barro que se generaba en invierno o de las polvaredas de verano y poco más.

Pero en estos días de agosto del 2010 que estoy pasando al sur de Baviera he visto que la mayoría de los pueblos de por aquí conservan la tradición de colocar los "mayos", esos altísimos árboles decorados que festejan la llegada de la primavera, y por asociación me he acordado de la "cucaña" que vi colocar cuando yo era niño en aquella plaza vacía.



Foto del mayo de Kochel am See, sur de Baviera. Agosto del 2010.

He investigado un poco en internet y he podido deducir que las cucañas no son sino variaciones o utilizaciones más o menos festivas de los ancestrales "mayos" y que la que la última cucaña que recuerdo levantada en Anguciana, en el lado Oeste de la plaza, era tan alta y recta como los "mayos".

Lejos de decorarse como estos mayos de Alemania, a las cucañas se las embadurnaba de sebo para hacer más difícil la trepa de los mozos, una trepa que en la de Anguciana tenía dos premios, uno a la mitad del palo, y otro, prácticamente imposible, en la punta.

Como las fiestas patronales de Anguciana son a finales de abril es fácil relacionar la erección de la cucaña con la de los mayos, que en toda Europa se ponen en la primera semana de dicho mes y que de ello reciben su nombre.

Como los recuerdos lejanos son caprichosos no me fío mucho de ellos pero creo que fue Benito, el hijo de Benitorro (a quien llamábamos así por su oronda barriga / y que vivía en la plaza enfrente de nuestra casa), quien logró llegar hasta la mitad de la última cucaña que se puso en el pueblo a pesar del mucho sebo que se le había dado.

Seguramente nadie tendrá una foto de aquellas fiestas pero me alegraría mucho que alguien con más años y mejor memoria que yo me pudiera contar y precisar cuándo y dónde se colocaba la cucaña, quiénes eran los encargados de cortar el árbol y colocarlo, quiénes fueron los mejores trepadores y qué premio se les solía dar. Es una tradición perdida que bien merece aquí unas líneas de investigación y recuerdo. Un recuerdo suscitado desde tan lejos.