lunes, 25 de mayo de 2009

53. VALE Y CAPITA

.


El mismo día que cogí la cámara para hacer las fotos de la plaza vacía que puse en el post anterior, hice esta otra foto que traigo hoy aquí al blog. Está fechada por tanto en la Semana Santa de 1972 y aunque parece que no guarda ninguna relación con las anteriores, ahora creo que es parte de la misma historia. Vale y Capita eran compañeros míos en la Escuela y tengo de ellos un recuerdo muy vívido porque en el invierno de 1962-63 los tres nos preparamos juntos para el examen de “ingreso” al bachillerato.

De Vale (Valeriano) recuerdo especialmente el preciosismo de su letra. Me fascinaba lo bien que escribía con los primeros bolígrafos que cayeron en nuestras manos. Escribir bien es un arte que siempre he apreciado mucho y según tengo entendido, esa habilidad le venía de madre.

De Capita (bueno, se llama Jose Mari, pero creo que nadie en nuestra escuela le llamó nunca por su nombre de pila) tengo un recuerdo muy curioso. En aquel mismo curso en que nos preparábamos para el “ingreso”, apareció un fraile por la escuela (recuerdo que estábamos ya en las nuevas) para hacer propaganda de su orden y captar “nuevas vocaciones”. Tras su encendido sermón pidió que si había algún interesado en su seminario levantase la mano, y como allí no se movía un dedo y a mí me daba vergüenza o pena el poco éxito cosechado por el buen hombre, levanté tímidamente la mía arrastrando con mi gesto a mi compañero Capita. El caso es que mientras que yo no supe nada más de aquella orden y me fui a estudiar el bachillerato a un Instituto en Santoña, Capita, sin embargo, siguió al fraile y estudió con ellos una buena partida de años.

Cuando hice la foto que he puesto arriba, habían pasado por lo tanto diez años desde aquel curso preparatorio, y Vale, Capita y yo, cada uno por su camino, habíamos empezado a dejar atrás la infancia y el pueblo. Como la vieja plaza; o como la escuela donde nos preparamos para el ingreso.

La foto está hecha en la fachada del Bar de Poli, y en el borde derecho de la misma se puede ver a Gumer.

sábado, 16 de mayo de 2009

52. INVIERNO DEL 71

.




Tras el derribo de las Escuelas vino el del kiosko, los bancos y la tala de los árboles. En el invierno del 71 al 72 tomé este par de fotos del gran espacio vacío de la nueva plaza de Anguciana. En la primera de ellas aún se ve colgada de lado a lado una tulipa negra del viejo alumbrado de la plaza, aunque también pueden verse en las fachadas de la izquierda los nuevos faroles de la nueva iluminación.

Durante este invierno del 2008 al 2009 se ha publicado en el periódico que un par de jóvenes arquitectos habían diseñado una plaza “moderna” hasta con luces empotradas en el suelo (!) para sustituir la urbanización de la actual, lo que quiere decir que tras el derribo de la actual muy pronto podrán tomarse unas fotos similares a estas. Las imágenes que se publicaron de ese proyecto no tenían mucha claridad y no pude hacerme una idea precisa de cómo quedará, pero tal y como está la arquitectura en estos tiempos, no espero nada bueno. La urbanización que se hizo hace ya casi cuarenta años sobre este espacio desolado nunca me gustó, pero las modernidades en los pueblos dan verdadero pavor. Al tiempo.

.

domingo, 10 de mayo de 2009

51. EL DERRIBO DE LAS ESCUELAS

.


En la primavera del 2008 escribí los 50 primeros post de este blog casi de una tacada y como es normal, me cansé y preferí darme un descanso antes de continuar. Pero han pasado muchos meses sin que me pusiera a ello y ha tenido que llegar otra primavera para que me anime a seguir colgando post, -como si estas cosas del recuerdo más que con el otoño me vinieran con el empuje de la savia nueva.

También me interesaba ver cuál podía ser la acogida de lo escrito, y por lo que he podido deducir, las fotos interesan más que mis textos. Alguna vez he comentado que a mí las fotos sólo me importan para pensar en los cambios de la arquitectura y de la vida en el marco de un pequeño pueblo como Anguciana, y en ningún caso para provocar nostalgias ni crear costumbrismo barato, como acostumbran a hacer abundantemente los periódicos locales.

Fiel a mi línea pues, seguiré poniendo fotos para comentarlas a mi manera, aunque eso sí, procuraré no empacharme como el año pasado y escribir más espaciadamente.

Para reiniciar la segunda parte de este blog, traigo hoy aquí las cuatro fotos que hice el día en que se derribó el edificio de las Escuelas y del viejo Ayuntamiento en el verano de 1971. Y creo que se trata de una elección muy a propósito con la ocasión porque visto este acontecimiento con la perspectiva que dan los años, creo poder decir que aquel derribo marcó todo un punto de cesura o un punto de inflexión en la historia del pueblo. Con el cambio de fisonomía de su plaza, ya nunca el pueblo volvería a ser el mismo.

Como puede verse en la fotografía que he puesto arriba, el derribo de las Escuelas causó una gran expectación y buena parte de su vecindario se arremolinó en torno a la pala que las tiraba. La fila de chiquillos sentados en los soportales, chiquillos que por su edad no habían ido a esas escuelas, es muy interesante, porque amén de gozar con el espectáculo quizás alguno llegó a imaginar a sus padres como niños en aquel viejo edificio que caía o por lo menos les miró de reojo para adivinar sus extraños sentimientos.

De aquel derribo recuerdo también una anécdota entrañable: la pala amochaba contra la Escuela y se retiraba rápidamente hacia atrás para evitar que le cayeran encima los cascotes de las partes más altas. Pues bien, en uno de esos empujones hubo un momento en que se quedó suspendido un trozo del alero resistiéndose a caer. Como pasados unos minutos no caía y la pala no se decía a volver a amochar, Castito el pastor, el padre de la Paca, cogió un cascote del suelo, lo lanzó a sobaquillo (es decir, de abajo hacia arriba) y acertó a dar al alero que no quería caer. Todos nos quedamos admirados de la puntería del viejo pastor y de la fuerza que aún conservaba. No era yo un reportero capaz de captar un momento así pero por lo menos sí que hice estas dos fotos que nos recuerdan la forma en que se tiró el edificio.





En la cuarta foto se ve cómo el nuevo Ayuntamiento estaba esperando ya detrás del viejo para presidir malamente ese nuevo gran espacio resultante de la agregación de las dos pequeñas plazas yuxtapuestas anteriores, la de la Constitución y la de la Iglesia.