miércoles, 2 de julio de 2008

INDICE DE LAS 50 PRIMERAS ENTRADAS

Un blog no es exactamente un libro pero se le parece, sobre todo si ordenamos su material y le hacemos un índice. Para ser un libro del todo habría que buscar patrocinador, cerrarlo, corregirlo, diseñarlo, enmaquetarlo, y darlo a la imprenta. No es esa mi intención al hacer este primer índice. Como llega el verano e inevitablemente me alejo del ordenador, creo más bien que es momento de parar un poco en la escritura y difusión y de dejarlo estar ahí un tiempo antes de volver con más fotos e historias.
Me encantaría que este periodo veraniego en el que suelo ir más por el pueblo, sirviera para incrementar mi fondo fotográfico con posibles aportaciones de los lectores, así como ideas, correcciones y datos de mi muy limitada memoria del pueblo.
No cierro el blog ni me despido de él con el parón veraniego. Sea este índice algo así como un “hasta luego” o “hasta una segunda remesa de fotos”. Mientras tanto mi correo (juandiezdelcorral@gmail.com) sigue abierto, o mejor dicho, más abierto que nunca a las aportaciones y sugerencias.


1. PRESENTACION. Con una fotografía en color de la vieja plaza del pueblo en 1964.
2. LA PLAZA. Inicio el blog con otra foto de la vieja plaza y el comentario de sus detalles.
3. LA PLAZA DE LA IGLESIA. Lo que hoy es una gran plaza unificada y triangular antaño eran dos espacios contiguos pero distintos.
4. LAS FOTOS DE LA ESCUELA. Una foto de los años veinte con don Sixto, otras dos de finales de los cincuenta con don Sixto y doña Feli, y otra muy curiosa de don Sixto con los hombres del pueblo.
5. VEINTICINCO AÑOS DE PAZ. Una curiosa foto de 1964 en la que el pueblo se reunió debajo del balcón del Ayuntamiento.
6. LA IGLESIA. Dos fotos de la evolución del edificio más simbólico del pueblo y de sus alrededores.
7. LA FOTO CUARTA DEL POST 4. Mi padre me ayuda a identificar a la mayoría de los hombres de la esa foto colectiva.
8. LA VISITA DEL GOBERNADOR. Reportaje de Albe y Calleja de tan señalado acontecimiento al hilo de las celebraciones de los veinticinco años de paz.
9. LA FUENTE. Cinco viejas fotos para intentar reconstruir la memoria de un lugar muy especial.
10. EL CASTILLO. Las tres fotos más viejas que tengo del castillo de Anguciana cuando aún no se había construido el convento.
11. JAIME MARIN. Homenaje a uno de los primeros bilbainos de Anguciana (querido amigo y excelente fotógrafo) con dos fotos suyas de 1963.
12. LA CALLE ARRIBA. Tres fotos de la calle principal del pueblo.
13. LA CALLE DE LA IGLESIA. Fotos viejas y nuevas para recordar todo el caserío de esta céntrica y ordenada calle.
14. LAS CALLEJAS. Pequeño recorrido histórico entre el hito arquitectónico que la dignificó (el depósito de la aguas), y el desorden urbanístico posterior.
15. LA CARRETERA. Seis fotografías para dar cuenta de sus diversos tramos, del excelente lugar que se creó a su paso por el pueblo entre la tapia del convento y la de nuestra casa, y de cómo está ahora.
16. EL RIO. Uno siempre piensa que los ríos son para siempre y nunca cambian, pero el Tirón nunca ha dejado de sorprendernos con sus constantes transformaciones.
17. LA PESCA DE CANGREJO A RETEL. Una vieja fotografía familiar para ilustrar aquella entrañable afición que nos llevaba junto al río en las tardes de verano.
18. LAS CRECIDAS. Cinco fotografías del siempre impactante espectáculo de las crecidas, de cuando mi padre luchaba como alcalde para salvar las choperas municipales de las avenidas del río.
19. EL PUENTE. Cuando tenía barandillas de piedra.
20. TRES FOTOS MAS DEL PUENTE. La belleza de aquel puente la usamos como fondo de nuestras primeras fotos. Aprovecho también la ocasión para hacer una pequeña e irónica crítica sobre cómo ha sido tratado luego por la ingeniería provinciana.
21. EL FRONTON. Lugar querido donde los haya por la miles de horas de juego y hasta de espectáculo habidos en él, amén de las consideraciones sobre su acertada ubicación.
22. INAUGURACION. La inauguración de una de las reformas del frontón es ocasión de ver otro par de fotos colectivas del pueblo y de hacer una evocación del franciscano padre Francisco.
23. ENTREGA DE TROFEOS. Tres fotografías de Calleja en una entrega de trofeos sirven para recordar los espléndidos días en que el frontón se convirtió en el centro social del pueblo.
24. DE FIESTA A HARO. Una curiosa perspectiva en picado de un remolque lleno de gente del pueblo camino a Haro.
25. LAS MESAS. El lugar ideal de las romerías de las fiestas de primavera y verano.
26. LAS CUEVAS. El otro gran lugar de esparcimiento (esta vez compartido con trabajos estacionales) de Anguciana.
27. EL PARQUE INFANTIL. El comienzo simbólico de la modernidad se inicia con la urbanización de la gran plaza-cruce de caminos del pueblo, aunque en las primeras cinco fotos que aquí pongo aún no hay coches.
28. PROCESION DEL CORPUS. Tres fotos de Calleja en una de las tradicionales celebraciones religiosas con el viejo badén y el nuevo parque infantil como escenarios.
29. LA MOTORIZACION. Sobre la aparición de las diversos vehículos de tracción mecánica que cambiarían para siempre nuestras vidas y nuestro pueblo.
30. ORECA. Evocación del vacío lugar al otro lado del pueblo que el turismo bilbaino acabaría por llenar de casas. .
31. LA ERMITA DE LA VIRGEN. A diferencia de lo que le ha pasado a la ermita de San Bartolomé en Oreca, invadida de casas alrededor, gracias al camposanto adjunto y a su la especial ubicación al borde la Loma, la ermita de la Virgen sigue siendo prácticamente un lugar intacto.
32. LA BAJADA DE LA VIRGEN. Fotos de todos los tiempos del festejo más importante de la ermita.
33. EL BADEN. Con este post sobre mi “kilómetro cero”ya desaparecido pretendía iniciar una serie de microgreografía urbana.
34. EL CINE. De la microgeografía volví raudo a la arquitectura para comentar la corta y azarosa vida de ese curioso edificio.
35. FUNCION EN LAS ESCUELAS. A falta de grandes espectáculos externos, los propios vecinos intentaban suplirlos organizando “funciones” locales.
36. EL TIRO AL PLATO. Calleja también hizo el reportaje de este concurso deportivo que suscitó mi atención por la mesa que daba prestancia al jurado y los trofeos.
37. UN CONCURSO DE PESCA. Otro concurso deportivo ocasional con poca tradición porque la caza y la pesca en Anguciana eran asuntos más ligados a sus trofeos gastronómicos que deportivos.
38. FUTBOL INTERNACIONAL. Como partidos de fútbol no se organizaban muchos, aquel que se hizo como homenaje al veraneante y árbitro internacional Juan Gardeazábal fue todo un acontecimiento.
39. DEPORTES DE INVIERNO. Antes de que se crease Valdezcaray nuestra imaginación convirtió un ribazo de Fuente la Virgen en una estación de esquí.
40. GRUPO JOAQUIN. Dos curiosas fotografías de un grupo de parientes y parejas jóvenes en torno a la figura de Joaquín Angulo.
41. LAS NUEVAS ESCUELAS. Primeras fotos de los grupos de alumnos de las nuevas Escuelas y de su entorno.
42. EL TELECLUB. Donde se cuenta que las viejas escuelas albergaron nuevas funciones “culturales” antes de su definitiva desaparición.
43. MAS FOTOS DE LA PLAZA. Gracias a ciertas fotos personales u ocasionales vamos descubriendo casas, fachadas e imágenes perdidas del pueblo.
44. DON GREGORIO Y EL LATIN. Semblanza del último cura que dijo las misas en latín y reflexiones al hilo de ello sobre temas tan transcendentales como la palabra y la muerte.
45. DON HONORATO. Tras el maestro y el cura, no podía faltar la semblanza del médico en la pintura de aquel pueblo en los años sesenta. El motivo, las fotos de la boda de Adita Angulo.
46. LAS CIGÜEÑAS. Post con el que inicio una pequeña serie en recuerdo de los animales más significativos del pueblo.
47. LAS GALLINAS. Recuerdos lejanos del corral de casa y de viejos dichos y costumbres.
48. LAS OVEJAS. Los rebaños de lanar me sirven para recordar y homenajear a sus pastores, Castito, Fede, Lázaro y Fermín.
49. LA DULA. Célebre organización colectiva de pastoreo de vacas que tuvo como último dulero a Benjamín.
50. LOS PERROS. Evocación de los perros de casa conforme a una secuencia de fotos familiares.

martes, 1 de julio de 2008

50. LOS PERROS



Como no tengo apenas fotografías de los caballos, mulos y burros que había en el pueblo, siendo seguramente estos los animales más importantes para el transporte y las faenas agrícolas; y como tampoco tengo fotos de esas estampas tan bonitas de perros vagabundeando sueltos por el pueblo, que es como a mi siempre me ha gustado verlos, voy a acabar esta pequeña serie de los animales que convivían con nosotros en Anguciana mostrando algunas fotos familiares en la que los perros eran siempre como uno más de la familia. Y es curioso que sea así porque una de las muestras más curiosas del afecto por los perros es que casi siempre se les incluía en las fotos.

Cada casa tenía su perro o sus perros y los más callejeros eran conocidos en todo el pueblo por la relación con sus amos lo que solía dar lugar al siempre irónico y a veces injusto refrán de que “tarde o temprano el animal se parece al amo”.

Además de ser conocidos por sus nombres, los perros han pervivido largo tiempo en la memoria de sus dueños. Es por ello que pongo aquí los perros que hubo en casa de mi abuelo, porque aunque yo nunca los conocí, he oído hablar mucho de ellos y los he visto en las fotos que se guardaban en casa. La imagen con la que abro este post es de una foto de mi abuela Dolores con una perrita pequeña que tenía que se llamaba “la petit”, aunque también tenían otros dos perros más, “el turco” y “el terrible”. El primero de ellos era tan venerado por mis tíos que hasta le hicieron una fotografía como único protagonista. En la otra que pongo a continuación pueden verse a mi tío Pedro Pablo y a mi padre con “el terrible” y “la petit” y con un pequeño cachorrillo a los pies de ésta.




La forma tradicional de deshacerse de las largas camadas de las perras es uno de los recuerdos más dolorosos de mi niñez porque jamás digerí bien lo de que se les tirase al río a las pocas horas de nacer. Pero era ley de vida porque los perros se reproducían según leyes que ya no casaban con su naturaleza urbana. “La dali”, una perrucha callejera que tuvimos en la infancia nos hizo sufrir mucho con el trágico destino de sus numerosas camadas, pero ahí la tenemos con nosotros en dos preciosas fotos familiares que nos hizo Jaime Marín. En la primera, donde posamos los cinco hermanos mayores, aparece cogida "la dali" por mi hermano Ricardo que es quien la trajo a casa; en la segunda imagen, tomada en una de las últimas veces en que se reunieron en Anguciana todos mis tíos con sus mujeres, es la prima Elvira, hija del tío Justo, quien hace posar a “la dali”.



El último perro que tuvimos en casa fue “el tolo” y el culpable de su adopción fui yo, que me lo traje de unas vacaciones en Villoslada. Era una extraña mezcla de pastor alemán y cocker spaniel con lo que nos salió un animal tan bruto y noble como cariñoso. No sé si se podrá decir que esos atributos sean los de su amo, pero algunas veces no digo que no me cuadren.



La foto es de 1974 y en ella se ve a mi padre tratando de educarle (un gesto por el que también me siento identificado con mi perro...).

sábado, 28 de junio de 2008

49. LA DULA


Benjamín fue el último dulero de Anguciana, es decir, el pastor de “La dula”. No sé cuantos pueblos de La Rioja tenían su “dula” pero estaría bien saberlo (se lo preguntaré a Carlos Muntión cuando le vea). Buscando por los diccionarios de internet he encontrado que “dula” es un término que viene del árabe vulgar y que significa turno, pero que desde el siglo XV se usó entre nosotros para designar a los rebaños colectivos de los pueblos que generalmente se llevaban a pastar a sus terrenos comunales. Por la geografía española quedan bastantes calles de “la dula”, el nombre de una plaza de toros en Aragón, y hasta una falla así llamada en un pueblo de Valencia (pones “la dula” en google y te salen montón de datos). La dula de Anguciana no ha dejado ningún rastro topológico pero por lo menos yo conservo un par de fotografías que le hice en 1972 al que fuera nuestro último dulero, Benjamín, y las pongo aquí con un placer muy especial porque en los últimos años de su vida nos hicimos muy amigos.


La llamada de la dula era uno de los reclamos más típicos del pueblo. Todas las mañanas Benjamín hacía sonar una corneta curva a su paso por las calles y las vacas iban saliendo lentamente de las casas para unirse en rebaño y bajar a pastar a las choperas municipales junto al río. Pero si la llamada tenía su gracia, lo más interesante venía al caer la tarde cuando Benjamín volvía al pueblo y todas y cada una de las vacas, solas o con sus chotos, se dirigían a sus casas de procedencia sin equivocarse de puerta. De mis años de infancia tengo el recuerdo vívido de cuando las vacas se encontraban la puerta de sus casas cerradas y se quedaban quietas en el quicio esperando a que su amo les abriera.

Cuando la dula se extinguió a mediados de la década de los sesenta coincidió que se murió Braulio, el barrendero, así que el Ayuntamiento le ofreció a Benjamín el puesto. Hizo buenas migas entonces con el otro funcionario municipal, el alguacil Luis, y era fácil verlos merendar juntos en la taberna de Poli con un cuartillo de vino en la mesa. Benjamín siempre llevaba encima su navaja de pastor y recuerdo lo ceremonial que era cortando el pan con ella.

Mi amistad con Benjamín surgió de aquellos tiempos de barrendero, especialmente cuando me ayudó con la cinta métrica a levantar el plano del cementerio, encargo que me dio mi padre por ser él el alcalde y yo estudiante de arquitectura. Pasé con Benjamín en “el graciano” un par de inolvidables tardes de auténtico humor negro haciendo repaso de las virtudes y defectos de los convecinos que nos habían tomado la delantera en aquel pago.

Otro detalle simpático de nuestra amistad fue el intercambio de relojes. Bien por snobismo o porque siempre me molestaron mucho los relojes de pulsera, me compré por aquellos años un reloj de bolsillo, y al ver Benjamín que era más grande el mío me pidió que se lo cambiara porque apenas podía ver ya las agujas del suyo. Eso sí, se aseguró que el mío fuera también de la marca “Rosco Patén” (en realidad ponía “Roskoff” patent) que tenía por la mejor de todas.

Tanto era mi aprecio por aquel reloj que unos años después mi novia me lo debió pedir en prenda y se lo regalé, y esta foto es prueba de ello. Un broche de oro para cerrar este post: el de mi novia enjoyada con el reloj “Rosco Patén” de Benjamín, el último dulero de Anguciana.



lunes, 23 de junio de 2008

48. LAS OVEJAS



Cuando hice esta foto a mediados de los setenta el puente ya no era el de antes (ni tampoco el de ahora, que siempre se puede empeorar…), pero la estampa del rebaño de Fede retirándose al atardecer hacia el corral de Oreca es inmemorial.

En mi escasa memoria de Anguciana hay tres rebaños de ovejas, rebaños que para mí tienen más que ver con sus pastores, Lázaro, Fede y Fermín, que con los propietarios de los bichos. Y es que la figura de los pastores me resultaba mucho más hermosa y querida que el asunto de la propiedad de las ovejas, o también, que las propias ovejas, animales a los que siempre he tenido por muy tontos.

Me contaron alguna vez que el rebaño de Castito fue de Lola Mendoza y que un golpe de suerte en la lotería hizo que el pastor se hiciera con él. Cuando Castito se hizo viejo lo llevó Fede, a quien recuerdo saliendo de su casa por las mañanas entre la algarabía de sus perros con una botella de vino en el bolsillo de la chaqueta, la manta de cuadros al hombro y la vara en la mano. De la tradición pastoril de su familia nos queda ahora la carnicería que lleva la Paqui en la plaza. Otro de los rebaños era de mi pariente Escolar y se guardaba en las eras de su propiedad en la carretera pero ya no lo relaciono con su pastor.

Lo que sí recuerdo muy bien es que Lázaro (al que hemos visto en el post 35 con la guitarra en la mano y la alegría en su cara) me pareció siempre un pastor-filósofo a quien me acercaba con gusto para hablar sin prisas mientras sus ovejas pastaban por las choperas. Me habían contado que en la guerra civil, Lázaro había tenido que estar alternativamente en los dos bandos pero él nunca me habló de ello. Fue uno de los primeros usuarios del transistor y yo lo tenía por un hombre muy bien informado y un excelente conversador. También creó una carnicería en la plaza de los jardines que puede verse en la segunda foto del post 27, pero sus hijos, Carlos y Emilio, la trasladaron a Haro ascendiendo notablemente su nivel comercial.

De Fermín, que es amigo y de mi quinta, qué no voy a decir. Ha sido nuestro pastor-poeta, capaz de aprenderse de memoria cientos y cientos de versos. Todavía los recita en las fiestas que organiza la cuadrilla de los Mismos con motivo de las fiestas de verano, y de uno de esos recitales es esta otra foto reciente que pongo en su homenaje. Es tradición contar que estando tan solo en el pastoreo del rebaño se subió a un poste de la luz a otear el horizonte por ver si encontraba a alguien con quien pegar la hebra y se cayó de allí arriba rompiéndose la columna. No sé cuanto de cierto hay en esta historia, pero como aún estamos a tiempo de aclararla se lo preguntaré la próxima vez que le vea para que me amplíe los detalles.




sábado, 21 de junio de 2008

47. LAS GALLINAS



Este par de fotos de mi hermana mayor rodeada de gallinas es todo el recuerdo gráfico que tengo de nuestra convivencia con esa fuente de alimentación tan próxima y vital. Bajar a por huevos al gallinero del patio es uno de los recuerdos más lejanos de mi vida: el calor que desprendían los huevos entre la paja después de haber espantado a las gallinas o incluso con ellas encima es una de esas sensaciones largo tiempo olvidadas que vuelvo a experimentar ahora gracias a la escritura del blog. Como también recuerdo la ausencia de cualquier sensiblería cuando, con gran habilidad, la Ezequiela les retorcía el pescuezo a los pollos, capones o gallinas, y los desangraba antes desplumarlos, allí mismo, debajo de la galería.
Con las gallinas había siempre un coro desafinado de cantantes en casa, y con el gallo, despertador. Además nos permitían tirar al patio, directamente por la ventana de la cocina, cualquier tipo de peladuras o de restos orgánicos. Reciclaje directo sin tanta bolsa y separación de basuras.
De todos modos el recuerdo más vivo que me trae aquel pequeño gallinero de casa es el de un dicho que me impresionaba mucho y que relacionaba nuestra crianza con las gallinas. Cuando un niño nacía débil o enfermizo se solía decir: “ése no subirá al palo” aludiendo a que cuando los pollos o las gallinas consiguen subir a los palos del gallinero es que han alcanzado su madurez.
Muchos años después supe lo que era la etología y descubrí a uno de sus fundadores, Konrad Lorenz, pero sus teorías siempre me parecieron más frías que mis recuerdos. Y eso que, como ya he dicho, los animales no son un mundo que me atrajera mucho.



viernes, 20 de junio de 2008

46. LAS CIGÜEÑAS



Nunca he tenido mayor afición a los animales pero debo reconocer que en aquella Anguciana de los años sesenta los animales tenían un protagonismo muy importante en nuestra vida. Cuando era niño, en mi casa sólo teníamos gallinas y un perrucho, pero en el pueblo había de todo: cerdos, rebaños de ovejas, rebaño de vacas, gatos, burros, mulos, yegüas, conejos y todo tipo de pajarillos más o menos próximos a las casas. En algunas de las fotos que he puesto hasta ahora en el blog sale algún animal pero en general tengo muy pocas de los bichos que animaban y complementaban la vida en el pueblo.
Por empezar por alguna de ellas pongo hoy una foto del nido de la cigüeña en lo alto de la torre. La presencia de las cigüeñas en Anguciana ha sido constante y aún lo sigue siendo. El hecho de verlas desde casa, de saber el viento que sopla gracias a su posición, de celebrar las estaciones con su llegada (“por San Blas la cigüeña verás”) y su desaparición otoñal, sus constantes trabajos para recrecer y reforzar el nido, o las emocionantes clases de vuelo que les dan a sus polluelos cada año, hacen que las cigüeñas hayan formado siempre parte de nuestra vida.
En Logroño hay muchas cigüeñas, pero no son lo mismo. Andan siempre en guerra con los curas de la Redonda por ensuciarles el templo, o con las comunidades de vecinos cuando les da por montar nuevos nidos en las casetas de los ascensores. En Anguciana son las reinas y señoras del pueblo y nadie lo pone en duda. Por eso las quiero mucho.

lunes, 9 de junio de 2008

45. DON HONORATO



Tras haber hablado varias veces en este blog sobre el maestro, don Sixto, y ocuparme en la anterior entrada del último cura del latín, don Gregorio, justo es dedicar también un artículo al médico de aquel pueblo de mi infancia, don Honorato. Y como esta es la mejor foto que guardo de él, la pongo como cabecera. Está tomada a la salida de la boda de Adita, la hija mayor de Joaquín Angulo, y aunque no puedo precisar la fecha, es de finales de los sesenta (se puede apreciar que en aquel momento se estaba derribando la casa blasonada que estaba junto a la iglesia y que vimos en la entrada n.3, “La plaza de la iglesia”). Además de don Honorato, podemos ver a su mujer, Conchita, y a mi tía Pilar, y detrás de ellos y a la izquierda del foto, a Lola Mendoza.

Don Honorato vino a Anguciana desde Fuentecantos, un pueblecillo soriano que está bajando Piqueras a la izquierda, y cuando se fue de Anguciana retornó a Castilla la Vieja. La última vez que le ví fue en Zamora en el verano de 1982, donde seguía su sana costumbre de dar largos paseos con su mujer. Mi padre siempre decía que el carácter castellano, serio, riguroso y cumplidor de don Honorato, no tenía nada que ver con la idiosincrasia riojana, mucho más alegre y dicharachera, y que por eso no era suficientemente apreciado por la gente de nuestro pueblo. Pero yo siempre creí que nuestro pueblo y don Honorato encajaban a la perfección porque el médico era el máximo representante en Anguciana de la ciencia, y porque los mejores valores que podían representar a esa rama del saber eran precisamente los suyos, fueran o no personales, o provinieran o no de su origen castellano. Yo siempre sentí un gran respeto y cariño por don Honorato, entre otras cosas porque me libró de ir al otro barrio a los seis años gracias a todo un verano de inyecciones de penicilina diarias para curarme una grave afección cardiaca, y porque debido a la amistad con su hijo “Atín”, su casa (El Centro de Salud e Higiene de la carretera) fue mi segunda casa.

Y ya que hablo del "hijo del médico" pongo también esta otra foto que Calleja hizo a la salida de la boda de Adita en la que podemos ver de izquierda a derecha a Atín (de Honor-atín), a mis hermanos Pili, Ricardo y Mercedes, y a Santiago y Juan Ramón. Aparte del interés meramente personal, esta foto tiene también su gracia porque ilustra aquel primer momento de confusión sobre la longitud más adecuada de la falda para estar a la moda.


Mi padre y el nuevo Secretario acudieron también a la boda. Pero lo que más me gusta de esta otra foto es que a la derecha del Secretario se puede ver a Nicanor, ya muy viejecito, sentado en la puerta de su casa, y junto al quicio de la puerta, a su mujer.

La última foto que tengo de aquel día es ya del banquete, y además de Atín y mis hermanos mayores, aparecen en ella la guapísima novia y otros dos invitados, Joaquinín y Eduardito.


No sé dónde debía parar yo para no estar en la boda, pero gracias al estupendo testimonio de estas fotos es como si hubiera estado en ella; y volviendo al comienzo de esta entrada, como si siempre pudiera volver a ver igual de joven y risueño a aquel querido médico de Anguciana: don Honorato.

lunes, 2 de junio de 2008

44. DON GREGORIO Y EL LATIN


Durante el funeral y el entierro de la Hilaria que mencionaba en la anterior entrada, sentí varias veces (en la iglesia y en el cementerio) que al ritual le faltaba algo que yo había conocido en mi infancia de Anguciana. Mientras que los dos sacerdotes, Félix y José Luis, se esforzaban por hacernos entender en nuestra lengua lo que es completamente ininteligible, esto es, la muerte y la vida eterna, me dio por pensar que cuando Anguciana era Anguciana, teníamos también un lenguaje para hacer más coherentes estos ritos, es decir, un lenguaje tan incomprensible como la muerte y la vida eterna: el latín. Recordé entonces que aquel lenguaje mágico y ritual se fue con Don Gregorio a finales de los años sesenta, y que por eso debía también dedicar un artículo al último cura que rezó en latín en nuestro pueblo.
Nada más entrañable para ello que este par de fotos de Calleja que guardamos en casa porque en ellas aparece mi hermano Ricardo ayudándole a misa.



Ahora que se habla tanto del bilingüismo para saber expresarse en un idioma local y otro más universal, me resulta divertido pensar que en aquella Anguciana anterior a la modernidad (y al Concilio Vaticano Segundo) todo el mundo sabía decir “Kyrie Leison, Agnus Dei cui tolis pecata mundi, Dominus Vobiscum” etc. (lo pongo como suena porque es como lo sabíamos), y todo el mundo entendía perfectamente el “Requiem in cantim pacem”, aunque nadie (excepto don Gregorio y los curas del convento) supiéramos lo que significaban. O mejor dicho, sí sabíamos lo que significaban: era el lenguaje para hablar con la divinidad, con el más allá, con lo más eterno y universal. Y por eso sentíamos que los curas eran los auténticos representantes de todo ello en el pueblo: porque hablaban ese extraño lenguaje.

Disquisiciones al margen, mis recuerdos más lejanos de don Gregorio son viéndole pasear con su breviario en la mano por la solana de la casa de los Ballugeras y de Julio el loco en la misma plaza, o volviendo con el mismo breviario en la mano del llamado Paseo de los Curas por debajo de las laderas del río Ea. Luego dejó la plaza y se instaló en la casa de los Medranos de la calle Arriba, casa donde nació mi padre cuando mis abuelos dejaron el castillo en manos de los frailes. Le recuerdo también a don Gregorio en el jardín de aquella casa, sentado junto al pozo, leyendo LA NUEVA RIOJA, periódico al que seguramente sólo él en el pueblo estaba suscrito. El latín de su breviario y el periódico regional eran pues sus fuentes secretas de contacto con el exterior del pueblo.

Si como conté unas entradas atrás, a don Sixto le atendía la Toribia, a don Gregorio le asistía su hermana, la también simpática y servicial Paulita, quien en los últimos años de su vida nos regaló con una de las extravagancias más divertidas que recuerdo de aquellos años: el tinte morado de las sienes plateadas de don Gregorio.

En fin, acabo ya este pequeño refrito de pensamientos, fotos y recuerdos contando que cuando el cortejo fúnebre de la Hilaria se dispersó por nuestro cementerio y cada cual se fue a la tumba de sus seres queridos, mi hermano Ricardo y yo hicimos lo propio, y al quedarnos en silencio ante el rincón donde reposan nuestros familiares, de lo más recóndito de mi memoria me salió decir para mis adentros: Pater noster qui est in chelis, santificetur nomen tuum, advenian regnun tuum, fias volutas tuas, sicun in chelo et in terra…, palabras que apenas sé lo que significan y que seguramente no estarán bien escritas, pero lo que sí sé es que son palabras que me llenaron de emoción.

jueves, 29 de mayo de 2008

43. MAS FOTOS DE LA PLAZA


El jueves de la semana pasada enterramos a Hilaria, o mejor dicho, a “la Hilaria”, que es como acostumbramos a decirlo en el pueblo. A “la Hilaria” siempre la quisimos mucho porque además de la eterna sonrisa que siempre tenía, vino al mundo exactamente en la misma noche que mi hermano Ricardo y a tan sólo dos casas de distancia. Y por eso he puesto esta vieja foto tomada desde la torre de la Iglesia durante la nevada de las navidades de 1970, porque en ella se ve nuestra casa, a la izquierda, las casas de los Marín y de Fortun en el centro, y la casa donde nació Hilaria, a la derecha, en la que también vivían la Amelia y Justo. Una casa ya desaparecida y de la que tengo esta otro foto hecha en 1983 cuando ya estaba deshabitada y medio en ruinas.



Me cuenta mi madre que el médico, Paco Palacios (de quien se me olvidó decir en el post sobre la “motorización” que en aquellos años tenía el único coche del pueblo) pasaba de una casa a otra a ver cuál de las dos parturientas se decidía. No me sabe decir quién de las dos fue la primera (ni tiene mayor importancia) pero sí me cuenta que siempre se maravilló de que “la María” con lo delgada que era, amamantase tan bien a su hija. Tampoco nos es fácil olvidar la sonrisa siempre perenne de María.

Pero sigamos con la vida y con los recuerdos de todo lo que la enriquece, y ya que estamos de nuevo en la plaza de Anguciana, voy a poner tres fotos más que, aunque tomadas seguramente para recordar a las personas que salimos en ellas, dan cuenta de ciertos detalles curiosos.

La primera es esta de nuestra casa en la que podemos ver asomadas al balcón a las dos dueñas anteriores a nosotros: la tía Milagros, hermana de mi abuela, a la derecha, y la tía Pilar, hermana de mi padre, a la izquierda.


Pero el detalle que me interesa señalar más allá de lo meramente humano y familiar, es el del viejo empedrado de la plaza, porque yo siempre la conocí “encementada”. Y también, como no, la gracia de los dos bancos de piedra que enmarcaban la puerta de entrada y que aguantaron la primera pavimentación, pero que desaparecieron definitivamente cuando se reformó la fachada de la casa.

La segunda foto que pongo aquí es ésta que le hicieron los Marín a mi hermano José Mari, en el que además de verse los dos bancos mencionados de nuestra casa sobre el suelo ya pavimentado, se ven las viejas fachadas de las casas de enfrente: la de la Castito, la de la Bea, la de los Sanes y la de Mendoza (el “Chocolatero” le decíamos, no sé muy bien por qué).


Y la última foto por hoy, en la que salgo yo en primer plano con mi primera bicicleta aún con ruedecitas laterales (y algo más atrás y a medias, mi hermano Ricardo), la pongo más que nada porque en ella se ve un fragmento de la casa de la esquina que estaba enfrente de la del “Guardilla” que yo nunca recordaba haber visto en pié, y que sigue ahí hundida en medio de la plaza después de tantos y tantos años.

lunes, 26 de mayo de 2008

42. EL TELECLUB



Aunque los niños y los maestros nos fuimos a las escuelas nuevas en el curso 1962-63 (ver post anterior), las escuelas viejas no se quedaron vacías pues un nuevo y revolucionario aparato hizo su aparición en el pueblo aquel mismo año, la televisión, dando lugar a una nueva actividad social, el teleclub.
Creo que la primera casa en donde hubo televisión fue la del veterinario, y como yo era amigo de Javi, el hijo pequeño, seguramente la vi allí por primera vez en mi vida. Pero no debieron de pasar muchas semanas de aquello hasta que el Ayuntamiento se apuntara a la iniciativa nacional de adquirir una de ellas (las de mayor tamaño de aquel entonces) e instalarla en lo que fuera el aula de los niños en el piso de arriba de las Escuelas.
Recuerdo los llenazos que registraba la vieja aula de don Sixto ocupada ahora por aquel presentador del bigotito metido en una caja. Como también recuerdo que uno de los programas que más expectación causaba en un lugar agrícola como el nuestro era la predicción meteorológica que daban al final del “telediario” por lo que don Mariano Medina se convirtió poco menos que en uno de los personajes favoritos del pueblo (o por lo menos en uno de mis favoritos).
El teleclub amplió sus actividades en los años siguientes y mientras el piso de arriba se iba desocupando a medida que la gente se compraba una televisión para cada casa, el aula de las niñas en la planta baja se fue llenando de vida como salón social o juvenil. Se pusieron algunas mesas para jugar al ajedrez, una mesa de ping-pong (a la que sacamos chispas), quizás algún futbolín, y hasta alguien al cuidado de todo aquello que no recuerdo quien era. Y un año, hasta organizamos una tómbola benéfica sacando un mostrador a la plaza.
No tengo ninguna foto de la vida del teleclub porque su vida no debía ser muy fotogénica que digamos, así que he puesto arriba una foto vieja de la plaza que aún no había colgado en la que se ven bien las Escuelas/Tele Club.
Lo que sí tengo a cambio, es un par de fotos de una de las últimas actividades que allí se fraguaron. En el mes de diciembre de 1970, o sea, seis meses antes de que la piqueta se llevara el edificio por delante, se celebró el famoso proceso de Burgos contra los primeros etarras, y en llegando la navidad se organizaron en toda España manifestaciones en sus capitales de provincia en apoyo al “Generalísimo”. Se ve que los pueblos tuvieron que contribuir a dichas manifestaciones poniendo un autobús gratis y un bocadillo para cada manifestante. Además de ello alguien debió de sugerir que se hicieran pancartas y por aquello de ser proclives al arte y la creación, en el teleclub nos lo tomamos con cierto entusiasmo. El resultado de aquella tarde de teleclub fueron estas dos pancartas que fotografié en la puerta de las viejas escuelas poco antes de montarnos en el autobús con destino a Logroño:




Lo gracioso del caso es que, en viéndonos en la capital, nos debió de entrar la prudencia o la vergüenza porque nadie quiso coger la pancarta con el retrato de Franco no sea que nos detuvieran por falta de respeto o consideración hacia el Jefe del Estado. Así pues, la famosa pancarta del “retrato” se quedó finalmente dentro del autobús.

viernes, 23 de mayo de 2008

41. LAS NUEVAS ESCUELAS



Hay cosas en las que ser pionero o ir en vanguardia no es precisamente un mérito sino todo lo contrario: por ejemplo, en sacar las escuelas de los centros urbanos. Lo que ahora ha pasado en Logroño con los Maristas, pasó en Anguciana hace más de cuarenta años: al llevarse las Escuelas a las afueras del pueblo, la plaza se quedó para siempre sin el bullicio diario del ir y venir de los niños, o sin sus juegos de los recreos y... hasta sin el cántico matinal del Cara al Sol que se entonaba antes de entrar a la Escuela mientras don Sixto izaba la bandera (¡qué cosas vienen con los recuerdos!)
Lo que es evidente es que, a pesar de su modestia, la línea arquitectónica de las nuevas escuelas era declaradamente “moderna”: dos aulas en planta baja con amplios ventanales orientados a Sur y abiertos a un terreno de recreo con unos soportales a cada lado para guarecerse en caso de lluvia. Nada que ver con el viejo caserón de la plaza que hemos visto en las primeras entradas de este blog.
El traslado a las nuevas Escuelas se produjo en el curso 1962-63. Y lo recuerdo perfectamente porque fue el curso en que don Sixto abandonó Anguciana después de haber sido su maestro durante casi medio siglo, y porque fue mi último año en la Escuela, es decir, el año en que me preparé para el examen de ingreso en el Bachillerato. Vayamos por partes.

Don Sixto vivía encima de las viejas escuelas con una criada de mucha edad llamada Toribia, quien, según me contó mi padre, había sido también la criada de don Isidoro, el cura anterior a don Gregorio. Pobre Toribia. Era una mujer, pequeña, alegre y bien dispuesta, y los chiquillos la teníamos en mucha estima por el contraste que representaba con el autoritario don Sixto. No estoy seguro de si su jubilación y el traslado se hicieron justo a la vez, pero lo que sí recuerdo es que el nuevo maestro ya no ocupó la vieja casa de la Escuela sino que encontró pensión o habitación en la casa de Maxi (la de la Caja de Ahorros) en la carretera. El nuevo maestro, Carlos Miguel se llamaba, o algo parecido, era un tipo joven, alto y muy majo que no duró en el pueblo ni un curso entero. A mitad de año se fue y vino otro maestro llamado don José, algo más bajo y moreno. A Vale (el hijo de Poli), a José Mari (Capita) y mí, nos prepararon entre los tres para el temible “examen de ingreso” pero Capita se fue a un convento y Vale, no sé porqué no se presentó, así que al final fui yo solo al Instituto Sagasta de Logroño, donde demostré lo sólida que había sido mi formación en la Escuela de Anguciana a pesar de tanto cambio de maestro.
Aquel primer maestro, Carlos Miguel (o como se llamara) puso de moda el juego con balón de “tirar a dar” sacando así partido al espacio encementado que quedaba entre la trasera del cine y la trasera de las Escuelas. Pero a pesar de la innovación, los chiquillos nos las arreglamos como pudimos para adaptar el espacio y las paredes del porche de la nueva Escuela a nuestro tradicional “primi” del juego de pelota a mano.
Tampoco don José debió de durar mucho, pero de eso ya no puedo contar apenas nada porque tras aprobar el ingreso yo me fui a estudiar el bachillerato interno a Santoña y ya sólo volvía al pueblo por vacaciones. Lo que si sé es que los nuevos maestros vivieron ya en las casas que se construyeron para ellos detrás de la casa del médico.
Para la exposición de 1993 alguien cedió estas dos fotos de aquellos grupos de niños todavía bien grandes de los años sesenta en las nuevas escuelas (las subo con un tamaño mayor de lo normal para que las puedan descargar quienes no las tengan).



También tengo una foto muy bonita de la calle por la que se accedía a las Escuelas, la calle que luego se llamaría de Carrero Blanco. La casa de la madre de Amador que se ve en primer plano tenía todo el estilo de un “chalet”, y las grandes acacias que allí había le daban a la calle todo un aire de “ciudad jardín” que luego acabaría perdiendo.



lunes, 19 de mayo de 2008

40. GRUPO JOAQUIN


Las fotografías viejas a veces tienen una vida errática. Es frecuente olvidar quién las hizo o porqué, de quién fueron y cómo llegaron a nuestras manos quedándose finalmente en nuestras cajas y carpetas. Los recuerdos familiares viajan en cartas o cambian de casa con las herencias y no se sabe muy bien dónde pueden acabar. Es lo que me pasa a la vista de estas dos fotos que traigo hoy al blog: ¿cómo llegaron hasta mí?
Bueno, el último paso sí que lo sé: estaban en algún cajón del alto de nuestra casa de Anguciana y yo he ido recogiéndolas de por allí para ponerlas a buen recaudo, pero ¿cómo llegaron hasta aquellos cajones? ¿Quizás un regalo a la tía Milagros Angulo, (hermana de mi abuela y que fue la dueña de nuestra casa)?
Es posible porque en estas dos viejas fotos del mismo grupo de personas aparecen varios miembros de la familia Angulo. El tío Joaquín, a quien yo conocí siempre calvo, muy calvo, aparece en el centro de la primera de ellas con todo su pelo negro, y su mujer, la tía Filo, es la que está en lo más alto de la foto. Están todos muy peripuestos pero lo que tiene mucha gracia es el juego de miradas de las tres parejas de abajo: los de la izquierda parecen enfurruñados, los del centro están en veremos, y los de la derecha en plena pose romántica.
En la segunda de las fotos, se han puesto todos de pié por lo que sus rostros aparecen comprimidos en una sola línea. A cambio, se ve mejor el fondo arquitectónico, que si no me equivoco, pertenece a la caseta del caminero del otro lado del puente, la que habitó la familia Carpo. ¿Qué harían por allí tan encorbatados y con abrigos? ¿Un simple paseo dominguero en grupo tan numeroso?




Cuando las fotos llevan una vida errática y pierden la información básica de su origen, cobran una nueva vida porque quedan entonces abiertas a nuestra imaginación. Yo he llamado a estas dos “Grupo Joaquín” por estar él en el centro y por ser el personaje más conocido para mí. Pero seguramente habrá quien vea ellas a otros seres más próximos y queridos y quien recuerde o imagine otras muchas cosas.

sábado, 17 de mayo de 2008

39. DEPORTES DE INVIERNO


En las navidades de 1970 cayó una buena nevada en nuestro pueblo, y como por aquel entonces no había Valdezcaray y ni sabíamos lo que era el esquí, convertimos un ribazo junto a fuente La Virgen en la primera pista de trineo de Anguciana.
El ingenio fue cosa de mi hermano Ricardo y aún me maravillo de lo rápido de reflejos que anduvo para inventar y construir el artefacto en la misma mañana de la nevada: con una caja de fruta y unas pocas tablas, elaboró el elegante bólido que se puede ver en todas estas fotos. Como tengo nada menos que catorce y no quiero dejar ninguna en el cajón, las he colgado esta vez en un formato un poco más pequeño que el habitual.

Para iniciar el descenso y controlar la dirección, teníamos que tirar con una cuerda y correr por delante del trineo, tal y como se ve en la foto de arriba y en estas dos más:



Una vez que la pista ya estaba abierta, se ve que nos animamos a bajar sin guía:







El problema de esta estación de esquí es que, a falta de telesillas, era duro subir el trineo después de cada bajada:


La zona de frenada no era muy amplia, pero no llegamos a darnos contra la tapia de las huertas:

De aquel día tengo un recuerdo muy especial: de tanto coger el trineo y andar con la nieve debía tener yo las tenía las manos tan heladas que en un momento dado fui a lavármelas a la fuente de La Virgen que estaba justo al lado de nuestra pista de esquí y me pareció que el agua salía caliente. Recuerdo aquella sensación como si fuera hoy, y ya siento que entre tanta foto no hubiéramos hecho una de la fuente. Aunque en esta que pongo aquí se puede apreciar por mi gesto, el frío que tenía en las manos:


Tres fotos más de aquel “histórico” día para los deportes de invierno de Anguciana:
La primera, caminando por detrás de Teñazo hacia el ribazo de fuente La Virgen.
La segunda, justo en el punto de salida del descenso. Como se ve en ella, a última hora apareció Atín por allí con una extraña boina en la cabeza.
En la tercera y última de la serie, fotografíé yo a mis cuatro hermanos posando en el trineo.




PS: Al ir a guardar las fotos de aquel día he descubierto una nueva imagen en la que se puede verse la Fuente de La Virgen. Está en el ángulo superior izquierda:



Como no tengo ni idea de cómo estará en la actualidad aquella fuente prometo volver por allí algún día a hacerle una foto.

jueves, 15 de mayo de 2008

38. FUTBOL INTERNACIONAL



En el año 1968 hubo Campeonato Mundial de Fútbol y el único árbitro español que participó en él fue Juan Gardeázabal, quien…, mira por dónde, resultó que veraneaba en Anguciana, y si no recuerdo mal, en la casa que estaba entre el castillo y el frontón.
Para honrar a tan ilustre veraneante a alguien se le ocurrió organizar un partido de fútbol en el campo de tierra del convento (el actual no existía aún) y se hicieron dos singulares equipos: el de “estudiantes” y el de “no estudiantes”. Y por supuesto, con arbitraje del internacional Juan Gardeázabal.
Santiago Angulo (“santiaguín”) trajo equipación de un colegio de Miranda: camisetas azul y blancas para los estudiantes y rojas para los no estudiantes. Lo anecdótico del caso es que las trajo sucísimas, y como algunos las lavaron el día anterior y otros no, más que dos equipos parecía que hubiera cuatro.
Es una pena que sólo tenga la foto de una de las alineaciones, la nuestra (se ve que el fotógrafo era casero). De pie, y de izquierda a derecha están: Juan Gardeazábal con su hijo delante, Pepito, Ricardo, la también “veraneanta” y “separatista” Itziar (que hizo el saque de honor), Santiaguín y Capita; y agachados: yo, Atín, José Luis Carpo y Adolfo. Ah! y el chiquillo de la derecha, no os lo perdáis, ¡es otra vez el hijo de “sieteantonios”! Qué tío; qué facilidad para chupar cámara. Lleva saliendo en tres post consecutivos...

En la foto del saque de honor podemos ver al capitán del equipo rojillo, José Mari, equipado con unas “antirreglamentarias” Chirucas, y algo más al fondo, a Felipe, a quien parece que no le llegó camiseta roja porque se le ve con un polo blanco:


De aquel mismo encuentro tengo esta otra foto mía con Atín, grato recuerdo de una prolongada amistad de infancia:



Si la memoria no me falla (y en estas cosas no suele fallar), creo que nos ganaron los “no estudiantes” por lo que, obviamente, echamos la culpa al mal arbitraje.